• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

La bomba de profundidad de Giordani

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Sin entrar en consideraciones sobre el contenido de la ya famosa carta de Giordani –publicada en primera instancia por el portal oficialista Aporrea.org– es menester hacer lagunas consideraciones sobre su significado e impacto dentro de las filas del PSUV. Los señalamientos y muy graves consideraciones sobre el poco o ningún liderazgo de Maduro –que genera, según Giordani, un vacío de poder, el cual, entonces, se diluye y se desplaza hacia otros centros de la cúpula gobernante– entrañan que, por más esfuerzos que haga el “designado” por el comandante eterno, no logra convencer a la mayoría de los seguidores oficialistas acostumbrados al liderazgo y carisma del padre y creador de la revolución bolivariana. Vistas las cosas así, Maduro reina pero no gobierna del todo, gracias a sus propias deficiencias y carencias, por lo que tiene que compartir el poder para mantenerse. Menuda responsabilidad y compromiso el que tiene que afrontar…

La carta pone de bulto en las fracturas y contradicciones internas y asoma las disidencias que afloran ante la ausencia de Chávez y la falta de una conducción política fuerte y cohesionada distinta a la del garrote o el mazo aplicado a quienes dentro del PSUV se atrevan a levantar una voz disidente. En lugar de convencer, permitir y propiciar ventilar las diferencias en discusiones amplias y francas –que es lo que corresponde– el dúo Maduro-Cabello apela a la represión manu militari como si estuvieran dirigiendo un cuartel. Eso en política no funciona y desvirtúa la esencia misma de cualquier partido político, sea de la ideología que sea. Lo que pasa es que Chávez no preparó su sucesión mediante la estructuración de un partido ideologizado, organizado y disciplinado, como sí lo hizo Fidel Castro, quien ha reiterado varias veces la importancia y el peso del Partido Comunista cubano dentro de la revolución.

Giordani tiene dolientes, algunos han salido a la palestra, como Ana Elisa Osorio y el sancionado por las horcas caudinas de la nueva nomenclatura, Héctor Navarro, quien se atrevió también a utilizar el género epistolar para manifestar su inconformidad con lo que está sucediendo a lo interno del chavismo. La procesión va por dentro, dicen algunos, otros creen que esta será una ola que crecerá paulatinamente; el descontento crece en la de víspera de la realización del III Congreso del PSUV que, por circunstancias de la vida, se realiza sin la guía del comandante supremo para poner orden. Ahora, Maduro y Cabello, los duros de la partida, son los que dan la cara con el costo político que ello representa, mientras Ramírez, Jaua y algunos otros pasan agachados. Todo verdugo genera rechazo, sobre todo en la dirigencia media y las bases partidistas.

Hasta ahora habíamos presenciado pases de factura contra los disidentes que se atrevieron a lanzar candidaturas distintas a las del PSUV durante las elecciones de alcaldes. Todos fueron castigados por casos de corrupción que se habían mantenido engavetados hasta que desafiaron las directrices de los capitostes partidistas; ahora la cosa es diferente, la crítica y la denuncia son de carácter político y sobre la conducción y viraje a la derecha que, según los alzados, está tomando el gobierno de Maduro, traicionando los principios primigenios de la revolución bolivariana y del mismo Chávez.

Así empieza la decadencia de los partidos en el poder, cuando se niegan a aceptar a dirimir internamente las acusaciones y posiciones encontradas. El “Yo acuso” de Giordani traerá cola porque encuentra caldo de cultivo dentro del propio chavismo que está insatisfecho e incómodo ante la crisis económica, política y social que se ha profundizado desde que Maduro llegó a la presidencia. Este puede ser el culebrero camino del principio del fin del chavismo sin Chávez…