• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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El barranco económico de Maduro

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Maduro lleva de hecho más de un año ejerciendo la presidencia; le tocó –siendo vicepresidente– ejercer las riendas del poder desde que el comandante eterno cayera gravemente enfermo, para luego sustituirlo definitivamente en las elecciones del 14 de abril de 2013. De tal manera que ha tenido el tiempo suficiente para rectificar, para corregir los entuertos heredados en materia económica-financiera, sin embargo no lo hizo. Más bien, como consecuencia de su incapacidad manifiesta para ejercer las grandes responsabilidades inherentes a su cargo, en un principio entró en una parálisis derivada de las contracciones internas de la cúpula chavista y su falta de liderazgo, para posteriormente tomar “decisiones” por cuentagotas insuficientes para sofocar las crisis que le estalla en sus narices.

Así, de tumbo en tumbo, hemos llegado a una situación de deterioro que, difícilmente, podrá ser superada en el corto y mediano plazo, sobre todo cuando la arrogancia mezclada con la estulticia no permite ver la realidad de lo que acontece, y los hace insistir en continuar transitando –cuando todos los países, incluso los del ALBA, van en sentido contrario– el fracasado modelo socialista iniciado por Chávez. Ante este monumental fracaso, a Maduro no le queda otra que repetir el manido libreto de culpar a los demás, en este caso a la “guerra económica adelantada por la burguesía parasitaria”… Pero, más allá de esa huida hacia adelante, el “heredero” incrementó la escasez y el desabastecimiento de productos básicos, triplicó la inflación –la más alta de América Latina– con una desaceleración fuerte de la actividad económica y una caída importante de las reservas internacionales.

Pero, yendo a los números vemos que la inflación pasó de 20,1% anual en 2012 a 56,2% en 2013. Con el agravante de que para 2014 las cifras, de acuerdo con lo señalado por el propio Banco Central, serán superiores a las del año pasado, aun cuando hagan esfuerzos por ocultar la verdad maquillándolas. Y eso a pesar de los Dakazos y otras peripecias para amedrentar y obligar a los comerciantes a bajar los precios por la fuerza. Y como contribución adicional a este perverso impuesto que afecta directamente a los sectores de menores recursos, activaron la maquinita de emisión de dinero inorgánico de manera desenfrenada, en un contexto de un abultado déficit fiscal cercano a 18% del PIB.

En este orden de ideas, la economía, que en 2012 creció 5,6%, dio paso a un raquítico 1,6% en 2013, mientras el esperado por los gurús oficialistas que dirigen la economía nacional apuntaban a un imposible 6%. Pero eso no es todo, para 2014 estos optimistas mentirosos, encantadores de serpientes, pero muy malos economistas, pronosticaron 4% de crecimiento, cifra rebatida por el Fondo Monetario Internacional y la Cepal, que calculan una contracción de 0,5%. También las divisas sufrieron una merma de 29% en 2013. Pasaron, peligrosamente, de 29.750 millones de dólares a 21.251 millones. Esto como consecuencia del alza de las importaciones (52.998 millones de dólares, traemos del exterior casi todo lo que consumimos), igualmente hubo una caída de la factura petrolera ya que buena parte de estas exportaciones son canceladas con bienes o servicios (como es el caso cubano).    

Maduro en estos días hablaba de acabar con el modelo rentístico petrolero, pues bien, para su información, el petróleo y sus derivados aportaron 94% de las divisas en 2013, o sea, 64.693 millones de dólares administrados a su leal saber y entender por un régimen corrupto e ineficiente, sin rendirle cuentas a nadie. 

And last but not least, el madurismo ha creado 4 tipos de cambio que van desde 6,30 bolívares por dólar, pasando por el Sicad I (aproximadamente a 11 bolívares por dólar), el Sicad II (alrededor de 50 bolívares por dólar), y el dólar paralelo que se ha movido entre 66 y 90 bolívares por dólar. Ante este barranco económico el país se torna inviable, cualquier cosa puede ocurrir… Alguien tiene que pagar los paltos rotos, adivine quién, querido lector.