• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

Al instante

Venezuela es una olla de grillos

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La situación se torna cada vez más complicada e insostenible. La toma de decisiones sobre políticas públicas es un laberinto en el cual Maduro y su entorno no encuentran el camino de salida. De allí que, desde finales de diciembre los anuncios en materia económica y financiera se hayan convertido, literalmente, en una mamadera de gallo –en una materia de tanta entidad y peso para la vida de todos los venezolanos–, sobre todo por la forma confusa como han sido manejados por el presidente y sus principales ministros y voceros.

Hasta el momento de escribir esta columna no ha habido pronunciamiento alguno y esto, por supuesto, mantiene a toda la nación en vilo. Nada se mueve, todo el mundo está a la espera de que se terminen de definir las reglas para salir (?) de la crisis. La incertidumbre crece proporcionalmente, mientras las decisiones y las indecisiones aumentan las penurias. Ningún país se puede manejar de esta manera, sin tener consecuencias graves en la vida nacional. Lo que se perfila, de acuerdo con lo planteado por Maduro al regreso de su no tan “exitoso” periplo, es que pretende apagar el fuego con gasolina. Qué quiero decir con esto, que ha amenazado con más controles gubernamentales, más restricciones al desempeño de la actividad privada, más inseguridad jurídica al actuar por la fuerza contra empresas que medianamente pueden surtir los productos más necesarios, mayores restricciones al acceso de las cada vez más mermadas divisas; es decir, profundizar el fracasado “modelo” socialista que, por cierto, el propio Fidel Castro, en un arranque de sinceridad senil, reconoció que ni en Cuba funcionaba.

Si embargo, cuando ya la isla caribeña voltea su mirada –en busca del oxígeno que ya no le puede proporcionar Venezuela– hacia el gigante del norte y sus pares de la Alba tienen políticas económicas diametralmente opuestas, aquí esta suerte de “Fidelitos” criollos (nunca las copias han sido buenas) siguen anclados en un pasado dogmático que ya no existe ni en la admirada China, a la cual Maduro recurre en busca de los tan ansiados dólares, gracias al derrumbe, no previsto por quienes debieron hacerlo, de los precios del petróleo que, por los vientos que soplan, parece que se va a mantener quién sabe hasta cuándo.

Al mismo tiempo, las humillantes colas en procura de medicinas o alimentos se multiplican por doquier. No hay una ciudad de Venezuela donde el paisaje no sea el mismo. De Perogrullo, la escasez y desabastecimiento se atacan no con guerras económicas imaginarias, sino con el estímulo a la producción nacional, dándole las garantías necesarias a los empresarios, claro está, dentro de márgenes de ganancias razonables –cosa muy distinta a la mal llamada Ley de Precios Justos que no la entienden ni siquiera sus promotores– y con importaciones programadas de aquellos rubros que, por razones económicas, sea menester hacerlo.

La tensión crece, el pueblo se cansa, los militares hacen el papel de policías malos reprimiendo a quienes desean protestar por las injusticias que cada vez son mayores. Con este esquema no hay forma de que drenen las tensiones y la olla de presión crece... 

@freddy_Lepage