• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

Venezuela y la eterna espera

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El paisaje brumoso que envuelve la vida diaria de los venezolanos no puede ser peor, monótono y repetitivo por naturaleza. Las iniciativas han desaparecido como por arte de birlibirloque. La existencia se ha convertido, sin darnos cuenta, en una “eterna espera”. El país no se mueve, está virtualmente detenido en un marasmo atosigante que marcha a cámara lenta, en una sucesión sin fin de cuadros repetidos de la misma película.

Y esto cuenta para todos sin excepción. Nadie puede escapar de este callejón sin salida, a menos que esté dispuesto a dejar el terruño en busca de nuevos horizontes en el exterior. La vida transcurre de esta manera, y resulta difícil hacer algo (en estos días de incertidumbre y transición) para cambiar este estado de cosas. El sistema político generado por la revolución bolivariana es una noria que no se detiene, que robotiza y aliena a los venezolanos.

Tanto el oficialismo como la oposición, tanto los individuos como la sociedad, están obligados a jugar al son de la “espera interminable”, que parece no molestar. El viejo refrán no vale de nada. Existe una confusa anestesia que inmoviliza e impide, por ahora, y hasta quién sabe cuándo, que las fuerzas sociales despierten de una vez por todas como un nervio arcano capaz de cambiar la realidad. La propaganda gubernamental, como en cualquier sistema autoritario-totalitario, impone el mundo en que nos desenvolvemos. Lo demás no existe, son inventos de la imaginación de unos desadaptados o disociados, como gusta decir machaconamente a la cúpula chavista.

Para ello veamos algunos ejemplos que dan fe de lo que afirmo. Además, estoy absolutamente seguro de que cada quien, luego de hacer algunas reflexiones, podrá enriquecer la lista de la Venezuela que gira en círculos como los perros que se quieren morder el rabo y nunca lo logran.

Entremos en materia. Se me viene a la mente, para comenzar de manera un poco desordenada y al azar, la espera de Diosdado Cabello para suplantar a Nicolás Maduro como delfín de Chávez y jefe “designado” de la revolución bolivariana. No tiene más remedio que pensar que vendrán oportunidades mejores que le permitan sustituir a Maduro en circunstancias y plazo no determinados. En fin, darle tiempo al tiempo. A su vez, Maduro tiene que esperar que el jefe único o la Providencia digan la última palabra para él asumir el legado que le fue encomendado.

Desde hace más de un año la ministra Iris Varela fue designada para resolver el problema carcelario y el resultado es que la situación está peor en cuanto a congestionamiento, hacinamiento y violencia penitenciaria. Lo ocurrido en Uribana lo confirma. Entonces, hay que seguir esperando un milagro. La gente perdió la capacidad de asombro.

Desde octubre del año pasado los economistas hablan de la necesidad imperante de devaluar el Bolívar porque está sobrevaluado; sin embargo, los voceros gubernamentales niegan rotundamente esa especie, aun cuando, algunas veces, caen en contradicciones. La solución es estirar la arruga, o sea, esperar, esperar…

Las elecciones de alcaldes y concejales el CNE la pospone cada vez que entran en juego los intereses políticos del chavismo, son retrasadas sin mayores explicaciones ni razones aparentes. Conclusión: es menester esperar que el organismo comicial fije alguna fecha. Ya lo hizo, pero quién sabe…

Nos anuncian que en algún momento (no determinado) Chávez regresará al país. Unos dicen, cuando lo indiquen los médicos; otros, cuando Raúl y Fidel lo determinen, y otros, más audaces, cuando él lo decida. Por tanto, hay que esperar que venga para poder hacer nuevas elecciones dentro de poco.

Sin embargo, al final creo que sí, que el que espera desespera y todo cambiará.