• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

Al instante

El Titanic bolivariano

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¿Qué cosa peor puede pasar en Venezuela? La llamada revolución bolivariana y sus cancerberos la han convertido en un estropicio, no necesariamente impremeditado. La prepotencia, la estulticia, la incuria y la carencia de un talante democrático de quienes se aferran a las riendas del poder han convertido la herencia del comandante eterno en algo hueco, vacío de contenido social, pero repleto de atropellos de todo tipo contra los ciudadanos que no tienen un arma distinta a la del voto a la hora de cobrar los agravios, las vesánicas humillaciones y el olímpico desprecio por todo lo que signifique progreso, bienestar y paz. Eso lo saben los capitostes civiles y militares de la encumbrada casta gobernante. Se piensan superiores y, por ende, no sujetos a ningún tipo de juicio ni control democráticos de la gente, pero se equivocan...

Un veredicto muy, pero muy importante está a la vuelta de la esquina. A escasos días, y que puede significar un punto de inflexión definitivo que implique un cambio de rumbo. De allí, el nerviosismo en las filas de quienes disfrutan del festín que desgarra y empobrece aceleradamente la nación. Recientemente un prestigioso periódico extranjero reseñaba que al bolívar (otrora moneda fuerte) ya no lo querían ni los delincuentes. Señal inequívoca de cuán cerca estamos del precipicio. El país, literalmente, se cae a pedazos, no ya en cámara lenta, sino aceleradamente, mientras, se mantiene artificialmente una burbuja de riquezas, excesos, reiterada violación de los derechos humanos, como si nada estuviera ocurriendo. Tal como los viajeros del Titanic que se deleitaban a rabiar al tiempo que el trasatlántico más grande y seguro del mundo hacía aguas; es decir, se hundía sin que la mayoría de los pasajeros se percatara de la tragedia en ciernes.

Pues bien, aun cuando ese funesto pasaje ha sido manoseado hasta la saciedad, en esta oportunidad sirve para ilustrar lo que sucede en suelo patrio. Las mayorías nacionales sufren a más no poder los rigores de una pésima gestión de gobierno, caricatura de un futuro que pudo ser y no fue. Los venezolanos merecemos, sin lugar a dudas, un mejor destino.

A sabiendas de la inminente derrota de diciembre, no escatiman esfuerzos, recursos (los pocos que quedan), trapisondas y todo tipo de triquiñuelas ilegales para sacar a flote antes de que se hunda, definitivamente, el Titanic bolivariano. Todavía pretenden sacar provecho de las glorias pasadas. Siempre me viene a la mente aquella frase de José Saramago, relativa a las personas que quieren seguir viviendo de lo que fueron, sin percatarse de ya no son. Dentro del chavismo hay deserciones importantes del pueblo llano que se siente burlado y abandonado. Pues bien, esa es la desgracia de una revolución bolivariana devenida en  mueca, en rictus amargo, que no es ni revolución y, mucho menos, bolivariana. El 6 de diciembre se caerán, para bien o para mal, las máscaras. Ganará la democracia o la ceguera de unos pocos acabará con la parodia de democracia que fuimos durante 16 años...

 

@Freddy_Lepage