• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

Sacarse el clavo al filo de la derrota

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Generalmente se dice que las derrotas no tienen padre, mientras que las victorias, sí. Pues bien, eso no ocurrió el pasado 7-O, cuando el propio Henrique Capriles, en un gesto de honestidad y gallardía, asumiendo su responsabilidad, les dijo a los venezolanos que el derrotado había sido él y, por tanto, no debían sentirse mal, que la lucha continuaba…

Bien, eso en parte es verdad, pero siempre en una campaña electoral, aunque es el candidato el que lleva la mayor parte de la carga y la presión diaria, inciden numerosos factores, no sólo del lado del comando de campaña, de los partidos políticos, grupos sociales, etcétera, sino también, como es de suponerse, de la acera del contrincante.

Sobre el ventajismo obsceno del propio Chávez se ha hablado lo suficiente, lo que resta es aprender las lecciones que se derivan de este proceso perverso del uso y abuso inescrupuloso y corrompido de los recursos del Estado a favor de una candidatura presidencial, por medio de un pormenorizado análisis de los resultados y del acopio de información que pasa por el levantamiento detallado de lo sucedido. En estas acciones indebidas estuvieron involucrados, de manera directa e intencional, miembros de la Fuerza Armada, de Pdvsa, personal de los ministerios y empresas del Estado; en fin, todos los organismos públicos, sin excepción.

En suma, un aparataje que ha convertido al Estado en un aceitado mecanismo electoral al servicio del PSUV y sus candidatos. Digo esto a los efectos de que, mediante ese inventario exhaustivo, la MUD tome las iniciativas que, si no pueden detener tal estructura delictual, minimicen hasta lo sumo sus consecuencias. De esta manera Chávez se vería compelido, por su incidencia ante la comunidad internacional, a disminuir su accionar: al fin y al cabo, ya él se salió, por ahora, con las suyas.

Esto no debe, bajo ningún concepto, derivar o servir de excusa para que los pesimistas y viva la pepa de siempre comiencen de nuevo con el cuento de la abstención, porque no vale la pena votar. Antes, por el contrario, estos despropósitos deben darle más fuerza a la sociedad en su conjunto para participar con mayor entusiasmo y esfuerzo, y sacarnos el clavo en las votaciones de gobernadores, hecho fundamental para frenar las tentaciones totalitarias de quien ejerce la primera magistratura nacional.

Una salida airosa en las elecciones del domingo 16 de diciembre nos permitiría mantener los importantes espacios que poseemos actualmente, si no en su totalidad, en una buena parte y, también, recuperar algunos estados como Anzoátegui, Aragua y otros, habida cuenta de las imposiciones a dedo de muchos abanderados chavistas sin arraigo alguno en las regiones para las cuales fueron designados por el jefe único, ahora reelegido y envalentonado, de la revolución bolivariana. Nunca se debe menospreciar el papel subjetivo que en la historia representa la voluntad humana. De tal manera que el desencanto que inmoviliza la acción debe quedar relegado para aquellos que ven la política desde la óptica determinista de quien pierde la fe. Eso es exactamente lo que busca el Gobierno.

No está permitido dejarse arrastrar por los acontecimientos y mucho menos acunarse en el fatalismo, en la rendición, en la conseja de que no se puede hacer nada. Preparase para la batalla de diciembre, aun en condiciones desiguales, es el mandato. Consolidar a la MUD como un gran movimiento orgánico (sin dejar de una lado a las organizaciones políticas, por supuesto) garantiza la unidad y la dirección consciente, indispensables para ganar. Aprender de los errores resulta una obviedad, pero no por eso hay que dejar de repetirlo…