• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

¿Revolución sin petróleo?

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La situación del país es cada vez más comprometida. Maduro no da pie con bola, sus decisiones son incoherentes, inconexas, sin visión de conjunto. Más bien parecen disparos desde la cintura, que no dan en el objetivo para encaminar el país por la senda del bienestar y el progreso colectivos. La economía va rumbo a un barranco que nos hundirá en la mayor de las miserias sin que se vislumbren en el futuro cercano propósitos de enmienda. La coyuntura política y social es de pronóstico reservado, sostenida por el control absoluto de todas las instituciones y un aparato represivo que enseña sus garras más perversas al criminalizar la protesta y a quienes disientan, bien sean estos oficialistas u opositores. En fin, vamos rumbo al caos, si es que ya no estamos inmersos en él, como si de un peligroso tremedal se tratara.

Y, como si fuera poco, ahora se obscurece el panorama con la abrupta caída de los precios petroleros que hacen inviable el sostenimiento de un gasto desenfrenado que ha despilfarrado nuestros ingresos desde hace tres lustros. Parece que, por los momentos, hemos llegado al fin de la borrachera causada por creernos millonarios sin serlos. Fin de fiesta, pues.

La desesperada propuesta de Venezuela en la OPEP, relativa a un recorte de la producción para medio detener el derrumbe de los precios resultó en un fracaso estruendoso que ha querido ser minimizado mediante el silencio impuesto desde las altas esferas gubernamentales, ya que los países más prósperos que integran el organismo, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes, tienen, entre otras cosas, unas reservas acumuladas –por el correcto y previsivo manejo de su renta petrolera– de 2 billones de dólares, mientras que los países más vulnerables –por nunca haber tomado las precauciones necesarias ante cualquier eventualidad– como Irán, Nigeria, Argelia y Venezuela, están de carreras a ver cómo cuadran sus presupuestos ante la nueva realidad.

Venezuela, particularmente, está endeudada hasta las metras. Su producción petrolera ha caído en un tercio desde el año 2000, cuando el finado decidió expulsar a más de 20.000 empleados de alta calidad profesional de Pdvsa y convertirla, de golpe y porrazo, en la caja chica de la revolución, siendo un país donde 96% de sus ingresos provienen del oro negro. Según datos de la Cepal, la economía venezolana tendrá una contracción de 3% para 2014 y de 1% para 2015, hecho que contrasta con Bolivia, cuya economía crecerá 5,2% y Nicaragua, 4,4%, ambos afines al socialismo del siglo XXI y beneficiarios principales de la generosidad chavista. ¿Por qué estos países tienen economías prósperas, mientras nosotros nos hundimos cada vez más? La respuesta parece que está a la vista de todos, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Da tristeza presenciar cómo se rematan, a precio de gallina flaca, nuestros activos. Recientemente, El Nuevo Herald da cuenta de la venta de la deuda petrolera que República Dominicana mantiene con la república de 4,09 millardos de dólares, nada más y nada menos que a Goldman Sachs –máximos representantes del imperialismo capitalista– a 41% de su valor. Es decir, recibiremos, solamente, 1,7 millardos de dólares, al tiempo que Goldman Sachs se embolsilla 2,3 millardos. Mientras tanto Citgo está en la cola... ¿Es posible la revolución bolivariana sin petróleo?