• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

Maduro, un futuro insostenible con el peor rostro del pasado

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La actual situación del país se torna cada día más insostenible. Maduro y sus allegados parecen no darse cuenta, o están tan seguros del poder que detentan que creen que basta solamente con la fuerza de las armas (en manos de grupos civiles, como los llamados “colectivos” y de los delincuentes, o en manos de quienes deben ser sus depositarios de acuerdo con la Constitución, los militares). El régimen sigue paralizado sin ninguna iniciativa distinta al llamado efecto “Daka”, para tratar de controlar unos precios que ciertamente, en algunos casos, resultan especulativos por la falta de una oferta crónica producto de la destrucción de la producción nacional en beneficio de las importaciones y negociados de “urgencia” para cubrir parcialmente las necesidades nacionales.

Venezuela se ha convertido el país de lo inmediato. El gobierno, sobrepasado por las circunstancias, anda a la carrera tapando huecos por todas partes, mientras se abren otros. Es decir, están en una emergencia sin fin que, para colmo de males, se ve enrarecida por los nubarrones de la caída acelerada de los precios petroleros. Estamos en el país de las colas que sufrimos chavistas y no chavistas.

Con el “adelanto” de las Navidades (no se qué va a pasar en diciembre, ¿será que se celebrarán los Carnavales para mantener a la gente en una comparsa permanente?), se forman largas y humillantes filas de venezolanos humildes para conseguir el pernil u otros productos de la dieta navideña a precios regulados –traídos a la carrera– para dar la sensación de normalidad, a sabiendas de que eso no es verdad. El país vive de operativo en operativo; en fin, la vida se va convirtiendo en un caos que, de seguir así, tendrá graves consecuencias. Esto Maduro no lo entiende, vive en Babia, en otro país que es el que le pintan los hermanos Castro para seguir, hasta donde se pueda, usufructuando del petróleo venezolano.

Estas denigrantes escenas de ciudadanos con un número en el antebrazo para esperar –luego de madrugar– varias horas su turno para adquirir un producto que no sabe a ciencia cierta si lo conseguirá, se repiten a lo largo y ancho de la geografía nacional cada vez que hay un “operativo” de Mercal, de Su Casa Bien Equipada o de cualquier ocurrencia “revolucionaria” para tratar de calmar las necesidades de un pueblo que, en algún momento, dirá ¡basta!, tal como ocurrió en los países de la fenecida Unión Soviética. Ese pasado, transmutado en mueca aberrante de un futuro sin futuro, que en la realidad es una entelequia antihistórica, solo sobrevive en Corea del Norte y aquí mismito en la isla de Cuba. Países sometidos con mano de hierro por dinastías militares familiares entronizadas que lo controlan todo; que han pervertido a sus habitantes convirtiéndolos en cuasi zombis, cuyas almas son controladas por poderosos cuerpos represivos, son los últimos vestigios vivientes de lo que no debe ser. Pero en fin, la excepción confirma la regla.

En Venezuela, más temprano que tarde, florecerá la patria civil y democrática, en la cual sus ciudadanos tengan derecho a un porvenir de acuerdo con las tendencias predominantes de bienestar social y calidad de vida imperantes en el siglo XXI. Las ansias de libertad se impondrán sobre el atraso, la injusticia, la represión y los mesianismos de revoluciones imposibles. Mientras tanto Leopoldo López, Scarano, Ceballos y tantos otros presos políticos sufren denigrantes humillaciones, ¿hasta cuándo tanta impunidad, carajo?...