• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Luis Almagro, un secretario “lambucio”, y las elecciones en Venezuela

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Maduro sigue errático. Los acontecimientos internacionales no le son favorables y, para colmo, ahora surge el grave problema de las acusaciones sobre presunto narcotráfico de gente cercana al entorno presidencial. Estamos a escasos días del 6 de diciembre, fecha que marcará un hito sobre el futuro de Venezuela. De allí la importancia de estos comicios en los cuales todos, gobierno y oposición, nos jugamos a Rosalinda, no hay opciones intermedias. De su resultado dependerá, en buena parte, qué rumbo tomará nuestro país: el de la destrucción nacional con la cúpula militar-civil al frente o, por el contrario, el inicio del camino (no exento de dificultades) de la recuperación de la democracia. Ese camino se me ocurre que será difícil, porque el derrumbe del país es de tal magnitud que será necesario apelar a todos los venezolanos para recomponer no solamente el tejido social hecho trizas, sino enderezar la economía y las finanzas nacionales para recuperar la confianza perdida.

La situación para Maduro es grave, muy difícil; hoy dice algo y mañana lo contrario, sus palabras reflejan la desesperación de quien se sabe perdido. Pero la cosa no se queda allí, sino que también lo culparán de la debacle que sufrirán en las elecciones parlamentarias, a sabiendas de que Maduro no es el único. No olvidemos que las victorias son asumidas y reivindicadas por muchos, mientras las derrotas tienen un solo responsable. Y esto es lo que se comenta en los corrillos del PSUV que, sottovocce, ya están señalando a los “artífices” de la hecatombe. Recordemos que esta gente está acostumbrada a ganar a lo mero macho. Pero ahora la situación es radicalmente distinta, a tal punto que ni con las trampas tradicionales pueden lograr una victoria. ¿Se atreverán Maduro y Tibisay a cometer un megafraude? Personalmente, no lo creo, no están dadas las condiciones. En esta oportunidad los ojos de la comunidad internacional están sobre Venezuela. Así lo confirma, entre otras muestras, la dura y enjundiosa carta que el secretario general de la OEA, Luis Almagro, le dirigió a la presidente del CNE, Tibisay Lucena, lo cual en oportunidades anteriores era impensable, sobre todo en vida del comandante eterno.

En el entorno madurista todos se quieren parecer a Chávez, y se acostumbraron a que nadie podía expresar opiniones distintas a las de ellos, so pena de ser insultados, vejados vilipendiados, zaheridos y víctimas de los peores epítetos existentes en la legua española o no. Nunca se defienden con argumentos, con inteligencia, con la razón que supuestamente los asiste. De allí que la posición de Almagro les haya caído tan mal, al punto de que Jorge Rodríguez, repitiendo la cartilla, en lugar de rebatir los planteamientos de  la famosa carta –por cierto no dirigida a él sino a su pupila que se quedó muda–con razonamientos creíbles, haya apelado al expediente de la descalificación tildando a Almagro de “secretario lambucio”. Claro, es más fácil insultar que utilizar las neuronas. Veremos si el 7 de diciembre, después de conocidos los resultados, Maduro cumple su promesa de “lanzarse a la calle”, si es que tiene quien lo acompañe. En las derrotas el poder se vacía de contenido y de gente...

 

@Freddy_Lepage