• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Inhabilitaciones electoreras

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Definitivamente el régimen no tiene claro el escenario de las elecciones parlamentarias. El condicionante de los sondeos de opinión ejerce una influencia fundamental a los efectos de definir una ruta que les permita salir gananciosos. La sostenida caída de popularidad de Maduro predice una derrota de proporciones catastróficas. Los chavistas de a pie dan cuenta de que “con Maduro se perdieron los logros de Chávez” y, algo demoledor, que “aumentó la exclusión social”. Así se expresan con pesar, desapego y desencanto sobre el heredero del finado presidente. Esta es una realidad que golpea en la línea de flotación una gestión que no termina de levantar. Las ausencias evidentes del gobierno en áreas tan fundamentales como la economía, el manejo de la cuestión social y la inseguridad hacen que el país esté inmerso en un caos creciente que incrementa la ingobernabilidad.

Pues bien, esta incertidumbre, confusión y falta de definiciones permea a todos los niveles del tejido social y político. De allí la falta de decisiones en todos los órdenes. A estas alturas la señora Tibisay Lucena no ha fijado la fecha de las elecciones para elegir un Parlamento que, constitucionalmente, debe instalarse los primeros días del mes de enero de 2016. Nunca antes, en estos 16 años, se había presentado tal grado de titubeo y falta de rumbo por parte de quienes ocupan la silla de Miraflores; sí en plural... La persecución contra la oposición se acentuará con el correr de los días proporcionalmente a la intranquilidad y nerviosismo del régimen. Para quienes no son demócratas perder el poder es algo catastrófico que no está en sus planes, pero que –y de eso estoy persuadido– la fuerza de la mostrenca realidad les hará agarrar mínimo.

Pues bien, ante este desolador panorama, Maduro sigue como barco sin timonel en un mar de aguas procelosas. De allí que se apele a los expedientes más bastardos para tratar de frenar lo que tiene un cauce definido, aunque en política los determinantes son malos consejeros. Solo así se justifican la medida de inhabilitación política de Manuel Rosales. Tan pronto el partido Un Nuevo Tiempo anunció la postulación por el Zulia de Manuel Rosales, el contralor general de la República –cuyo nombre no recuerdo– salió en volandas, solícito, a declarar que Rosales estaba inhabilitado para ejercer cargos públicos por siete años. ¡Caramba, qué casualidad! A Rosales le siguen cobrando su arrojo cuando compitió con Chávez en 2006, a sabiendas de que tenía todo en contra. La oposición, todavía, no se había repuesto de la derrota sufrida en el referéndum revocatorio. Rosales fue la punta de lanza que levantó el alicaído ánimo. Pues bien, nueve años después, los malos cancerberos del chavismo todavía le temen a quien le puso el cascabel al gato.

El culillo es grande, porque saben del liderazgo y la garra política de Rosales. Pero, con estas triquiñuelas, con estas trapisondas, solo exacerban más los ánimos de las mayorías nacionales que desean un cambio político que permita retomar el cauce democrático en paz y tranquilidad, este cambio se expresa por la vía electoral que, de paso, es la menos traumática y la que desean los venezolanos que rechazan la violencia venga de donde venga. ¿Quiénes siguen en la lista? ¿María Corina? ¿Julio Borges?...

 

@Freddy_Lepage