• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

¿Hace falta un exorcismo?

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En Venezuela, de un tiempo a esta parte, están pasando cosas muy extrañas que van mucho más allá de la política. Me estoy refiriendo, particularmente, a los últimos hechos de violencia que no solamente alcanzan a políticos rojos rojitos y de oposición, sino también a personas comunes y corrientes. Cuerpos mutilados aparecen en algunos sitios sin que los organismos del Estado (la Fiscalía, el Cicpc y otros) den explicación alguna, así como el macabro parte diario, y especialmente el de fines de semana, de víctimas del hampa en Caracas y otras ciudades del interior. Al fin y al cabo, en su mayoría, son seres anónimos que van a ingresar en las estadísticas de los asesinatos que ocurren a lo largo y ancho de nuestra tierra, que muy pronto –como “cifras” al fin– pasan al olvido, menos en la memoria de sus familiares y allegados.

La impunidad campea y ahora, para colmo de males, los grupos civiles armados por el régimen –como suele ocurrir– cobran vida propia y obedecen directrices de sus patrocinantes, solamente cuando de situaciones políticas se trata: son “utilizados” para amedrentar y reprimir con inusitada saña y brutalidad a ciudadanos que ejercen su derecho constitucional de protestar por el deterioro de la calidad de vida que agobia a una sociedad cada vez más confundida y decepcionada de la pobre gestión de gobierno de Maduro y su privilegiado círculo de enchufados. A título de ejemplo, resaltamos que, según la encuesta IVAD de septiembre, 75% de los venezolanos cree que el país va en una dirección equivocada. Obviamente, esos números reposan también en Miraflores, pero, a juzgar por las respuestas, parece que les resbalan…      

Sucesos tan graves como el enfrentamiento entre el Cicpc y un “colectivo” en el edificio Manfredi –en las cercanías de la Alcaldía del Municipio Libertador– en el cual hubo varios muertos, son cubiertos con un manto de opacidad por el propio Estado. Ni la fiscal, ni el ministro de Interior, Justicia y Paz han dicho absolutamente nada, solamente el director del Cicpc declaró esa misma tarde que era un caso de delincuencia común (?), aun cuando hubo acusaciones de parte de uno de los fallecidos y muchas fotos en las redes sociales del señor Odreman con altísimos personeros del gobierno, incluido el propio Maduro. ¿Hubo un enfrentamiento? ¿Fueron ejecutados? ¿Cuáles fueron las causas? Todo parece que quedará, al igual que en otras oportunidades, en el limbo de la desinformación y falsas acusaciones.

La descomposición ética y moral emparejada con la crisis política y social (íntimamente asociada a la económica), ha estallado en la cara de quienes detentan el poder. No han logrado ocultar los últimos delicados acontecimientos –a pesar de la ya casi absoluta hegemonía mediática gubernamental existente–, gracias a las redes sociales y a la poca, acorralada y asfixiada prensa independiente que existe, tales como los diarios El Nacional y Tal Cual (con papel prensa hasta hoy) que, valientemente y corriendo todos los riesgos, siguen practicando un periodismo comprometido con la democracia venezolana y con la información libre y veraz. Sin duda, el diablo anda suelto. ¿Quién lo exorciza?...