• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

¿Normalización aparente?  

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Como es lógico suponer, con el correr de los días, la situación del gobierno de Maduro parece entrar en una rutina que ellos mismos han diseñado a los efectos de enfrentar el dudoso y cuestionado resultado de las elecciones del pasado abril. Aún siguen sin ser respondidos los recursos interpuestos por Henrique Capriles y la MUD ante el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, respectivamente.

Sin embargo, en medio del mutismo del TSJ y las bufonadas del CNE, la herida sigue y seguirá abierta, hasta tanto se dé respuesta cierta a los requerimientos planteados. Pero, en paralelo, Maduro, haciendo caso omiso de la importancia de despejar las dudas, razonables, por lo demás, sobre la legitimidad de su mandato, ha emprendido una febril “viajadera” por varios países con el fin de lograr el tan anhelado aval de gobiernos extranjeros, por razones de afinidad política o por interés meramente crematístico. Venezuela es un mercado apetecible repleto (ya no tanto) de petrodólares.

Igualmente, en el plano interno, continúa la persecución implacable contra destacados líderes de la oposición (vigilancia, escuchas telefónicas, amedrentamientos y amenazas constantes), al tiempo que, obligados por las circunstancias, hacen todos los esfuerzos por aparentar una “apertura” pragmática de la economía a los fines de encauzar los gravísimos problemas de escasez y desabastecimiento de productos básicos para la vida diaria del país.

La tranca está en la incapacidad de la mayoría de los enchufados oficialistas de entender lo que pasa y en la falta de preparación y conocimientos para desempeñar sus cargos. Están más interesados en mostrar un chambón radicalismo visceral para congraciarse con su jefe, sin percatarse o sin que les importe el daño que hacen.

La masa no está para bollos y Maduro no es Chávez. Así, la inflación (y su consecuencia, el alto costo de la vida) es cada día mayor e insostenible. Basta ir a cualquier mercado para darse cuenta de ello, y lo peor es que ya no afecta solamente a la clase media que tiene que hacer malabarismos, sino también a la población de menores recursos que, por más que tengan acceso a Mercal y otros centros de ventas “populares” de alimentos, el presupuesto familiar no les alcanza. Expertos estiman la inflación anualizada (maquillada por el BCV) superior a 40%. Lo cual es una aberración y una perversión, habida cuenta de que son los más pobres los que pagan las consecuencias. Los adinerados boliburgueses están exentos de estas penurias pedestres, claro está.

Amén de lo anterior, está presente la inseguridad personal que diariamente hace de las suyas ante las propias caras de los militares que sacaron a la calle para controlarla. Incluso asesinatos a mansalva, como el de Falcón, corroboran lo que han señalado muchos conocedores de la materia, en el sentido de que el Ejército y la Guardia Nacional no están preparados ni formados para estos menesteres. El Plan Patria Segura sólo existe en la fantasiosa imaginación de los altos jerarcas del régimen y de los encargados de la propaganda política que pretende anestesiar la conciencia de los venezolanos.

Si a lo anterior le agregamos la agenda política pendiente: renovación del CNE, elecciones municipales, revocatorio del Presidente y de los parlamentarios, las elecciones legislativas y una constituyente en puertas, amén de la protesta social, podemos especular que el ambiente, lejos de entrar en una suerte de sueño hipnótico, se calentará, porque los venezolanos se impacientan ante el cúmulo de dificultades pendientes de solución. ¿Cuál normalización? ¿Acostumbrarse a vivir en la calamidad, la incertidumbre y el miedo?...