• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

Callejón sin salida

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Maduro luce más enredado que un kilo de estopa. Sus actuaciones en el plano doméstico e internacional son confusas e incoherentes. Su proceder en nada contribuye a crear un clima de tranquilidad y normalidad, antes por el contrario generan una peligrosa e insostenible sensación de inestabilidad y zozobra políticas, un ruido paralizante e inhibitorio en la economía. Los intentos de reproducir el Dakazo, que en su oportunidad le produjo réditos políticos, están agotados porque los venezolanos se dieron cuenta de que ese martillazo de opinión fue pan para hoy y hambre para mañana. No resolvió nada, más allá de beneficiar a unos pocos, en su momento. Vaya, amigo lector, a buscar algunos de esos productos electrodomésticos (televisores, neveras, microondas, etc.) a ver si los consigue y, si tiene suerte, a qué precio.

La incertidumbre creada con la intervención (?) de la cadena Farmatodo y con la “ocupación temporal” de la red de supermercados Día a Día (entre otros establecimientos), para culpar a la empresa privada del desatare en que se encuentra Venezuela, son demostración palmaria de que ya no hallan qué hacer para tratar desesperadamente de revertir lo que es vox populi entre la gente de todos los colores y estratos sociales: Maduro y su corte son los culpables de la grave crisis nacional y son incompetentes para solucionarla, a tal punto que juegan con la permanencia de la revolución bolivariana en el poder desde hace 16 años.

Algunas puestas en escena tienen tintes de ópera bufa. Veamos, el propio Maduro anuncia que será el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, cual Chapulín Colorado, quien intervendrá, personalmente, en la ocupación de algunos de los supermercados mencionados, y Ernesto Villegas denuncia, pomposamente, que se encontraron artículos de primera necesidad en los depósitos de la cadena Día a Día. Lo que provoca preguntarle es ¿dónde carajo iban a estar? Una cosa es acaparamiento y otra mantener inventarios que son distribuidos de acuerdo con las guías que controla y maneja el mismo gobierno.

En materia de política exterior, Maduro no puede estar más desacertado, no da pie con bola y su revolución está cada vez más aislada; todo ello si tomamos en cuenta que, durante seis años, fue el canciller del difunto líder único e insustituible del proceso bolivariano, por cierto, copiado ahora por los líderes del nuevo partido español Podemos que ha irrumpido como la espuma en la política de ese país europeo. El acercamiento pragmático Cuba-Estados Unidos lo ha puesto fuera de foco. Un día asevera que desea reuniese con Obama para establecer una relación de mutuo respeto (lo cual es muy plausible y sensato), y, al otro, amenaza a la potencia del norte con llegar a romper relaciones si persisten en su empeño de propiciar un golpe de Estado en su contra y acusa al vicepresidente Joe Biden de ser el abanderado de tal despropósito, para luego señalar que Estados Unidos se meterá en un callejón sin salida con respecto a Venezuela. En suma, los palos de ciego que reparte Maduro a diestra y siniestra son señales inequívocas de un régimen que no consigue su rumbo. Así estamos...