• Caracas (Venezuela)

Freddy Carquez

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Freddy Carquez

Las condiciones del diálogo

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En mi anterior artículo, expresaba con claridad, ciudadano vicepresidente Jorge Arreaza, que cuando hablamos de paz es una exigencia indiscutible de que se trata de transitar en profundidad y extensión un camino que permita resolver los problemas pendientes en nuestra sociedad, mediante un abordaje democrático, por lo cual pienso que usted comprende que el diálogo es entre iguales y que debe abordar una realidad económica, social y política en franco deterioro, fenómeno en el cual la principal responsabilidad es la de su gobierno que ejerce la dirección del Estado.

Es imposible ignorar el reconocimiento de las responsabilidades, porque de otra manera no es posible que pensemos que en serio lograremos reencontrarnos, más allá de las cárceles o de los cementerios, alcanzar la normalidad demanda una conducta autocrítica demostrada en la comprensión de los errores y abusos cometidos, cualquier otro camino es la imposición y el silencio de los vencidos y humillados, vertiente que hasta el presente la mayoría del liderazgo nacional no desea porque sus resultados serán peores.

Y creo que no estamos utilizando como referencia el modelo gomecista,  perezjimenista o castrista para alcanzar la superación de la implosión del proceso productivo, requisito indispensable en la búsqueda de la tranquilidad social y política, porque la auténtica corrección de los errores cometidos por su gobierno impone un franco reconocimiento de la quiebra económica en la cual nos encontramos, producto de las barbaridades cometidas por la administración chavista en el campo económico y hasta el presente recicladas por el equipo madurista.

La administración actual no ha hecho otra cosa que utilizar el poder político y militar para apropiarse de una buena parte de la renta petrolera soportando el desarrollo de un empresariado nacional ineficiente y ladrón, que subordinado al proyecto transnacional que lideran Brasil, Argentina y Cuba utiliza al gobierno para resolver sus problemas de financiamiento, franquicias y mercados, al cual hemos bautizado desde que comenzó la gestión del fallecido presidente Chávez como boliburguesía.

Extraordinaria limitación al crecimiento de la producción, que se agravó al producirse el profundo retroceso que ha vivido la República en las políticas descentralizadoras, instrumento indispensable para el crecimiento económico local y regional, al extremo de crear administraciones paralelas en los estados y municipios en los cuales el gobierno ha sido derrotado electoralmente, abusivas intervenciones destinadas a asfixiar proyectos e iniciativas productivas independientes.

Irrespetando orientaciones administrativas presentes en la Constitución Nacional, violentadas por el Poder Ejecutivo en franco atropello a los intereses de nuestras comunidades, retroceso que no tiene otra explicación que el control monopólico sobre la renta petrolera, no solo para facilitar la apropiación corrupta de la misma, sino para imponer a través del asistencialismo una forma autoritaria de dirigir a la nación.

Deformaciones desarrolladas al interior del Estado durante 15 años, sostenidas mediante una abusiva concentración del poder político, subordinando al Ejecutivo todos los poderes públicos incluso el Electoral, convertido en cómplice de la utilización discrecional del poder en las consultas electivas, además de instrumento de intervención y control sobre gremios y sindicatos.

Y cerrando el ciclo intervencionista del poder presidencial, inspirado en las seculares prácticas autoritarias de todos los tiempos, desde Miraflores se desordenó el Poder Judicial, convirtiendo la impunidad al igual que la corrupción en políticas de Estado, orientación absolutamente equivocada que  acompañada del desorden carcelario ha facilitado el crecimiento exponencial de la delincuencia.  

Errores cuya trascendencia, incluso, han tocado los extremos del envilecimiento, ciudadano vicepresidente Jorge Arreaza, promoviendo en forma organizada a sectores sociales lumpen a tareas estatales en materia de promoción social y seguridad nacional, generado comportamientos estatales perversos como la criminalización de la protesta, la extorsión política mediante la falsificación de la información, la organización de bandas armadas y la represión abierta de todo lo que el gobierno no comparta.

Por lo que, ciudadano Jorge Arreaza, creo que es muy claro que solo la desaparición de todas y cada una de las barreras que he mencionado es lo que puede permitir un proceso de diálogo justo, que satisfaga a la sociedad, que nos permita acceder a soluciones democratizadoras en cada de los grandes aspectos de la vida económica, social, política y cultural de la República de Venezuela, por lo que esas son las condiciones para un diálogo democrático.

Definitivamente su gobierno debe someterse al poder de la Constitución, no puede seguir al margen de la ley administrando el Estado como su hacienda, el presidente Maduro necesita moderar su lenguaje y aprender a no levantar falsos testimonios, respetando la disidencia, comportamiento que también le exigimos al ciudadano Diosdado Cabello y al canciller Elías Jaua, campeones todos ellos del irrespeto a los venezolanos.