• Caracas (Venezuela)

Francisco Suniaga

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Francisco Suniaga

Así no se gobierna

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Ricardo Molina es el ministro para la Vivienda y Hábitat desde el 22 de junio de 2010. Como ha ocurrido en los últimos años, en los que los ministerios se cuentan por decenas y los ministros por centenas, había pasado desapercibido para el grueso de la población venezolana. Su nombre y su cara se hicieron conocidos hace apenas unos días por causa de un infausto video que circuló en las redes sociales. El episodio, al parecer filmado por su propio departamento de prensa, es una muestra muy cruda de lo ocurrido en Venezuela en estos catorce años de una revolución que nunca fue.

En lo que parece ser una reunión improvisada con empleados del ministerio, todos están de pie formando una especie de rueda, el ministro hace una intervención. Comienza refiriéndose a una trabajadora que ha escrito un tweet cuyo contenido (y en eso el ministro tiene razón) era incorrecto y ofensivo para la memoria y los seguidores de Hugo Chávez. Si la idea del ministro Molina era castigar a esa trabajadora, debió referirla a la dependencia de recursos humanos, para que fuese esa instancia la que definiera si su caso estaba previsto y sancionado por alguna norma jurídica laboral.

Pero eso no fue lo que el ministro hizo y allí dejó de tener razón. Quiso más bien aprovechar la circunstancia para amenazar no ya a la trabajadora en cuestión, sino a todos los opositores del ministerio. En el video, comenzó diciendo: “No vamos a permitir ese tipo de cosas, a mí me importa, y se los digo con toda claridad, me importa en absoluto lo que dice la norma laboral”.

Y remata con esta otra afirmación: “Al personal que forma parte de nuestras instituciones, que políticamente está en la acera de enfrente, cero beligerancia, yo no acepto que aquí nadie venga a hablar mal de la revolución, que aquí nadie venga a hablar mal del comandante Chávez, no acepto militantes de partidos fascistas”. Cuando el ministro dice cero beligerancia, o hablar mal, en verdad quiere decir cero disidencia (la jerga militar, hay que reconocerlo, domina la escena pública). En cuanto a lo de partidos fascistas, bueno es decírselo, no hay nada más fascista que negar al prójimo el derecho de disentir.

A esas destempladas afirmaciones, absolutamente fuera de lo que en una democracia constituye la legalidad, los trabajadores –gente que por la pinta forman parte de la clase media profesional– coreaban la clásica consigna: “Así es que se gobierna”. Sin quererlo vino a mi mente el grupo de ovejas de la novela La granja de los animales de George Orwell (quien, dicho sea de paso, era más socialista que todos los ministros juntos), para retratar a los militantes del estalinismo.

Al comienzo de su video, no tenía idea de quién hablaba. Lo primero que pensé fue que se trataba de un militar gorila retirado, jefe de la sección de seguridad interna de algún ministerio, que quiso dejar claro cómo es la vaina en este país. Por eso, ejercitando un poco la imaginación, a medida que avanzaba la película, comencé a verlo con un poncho, sombrero de cogollo y machete en la cintura, como si se hubiese escapado de la pintura Los comisarios de Héctor Poleo.

Pero, por supuesto, que no era así, ojalá hubiese sido así. Ricardo Molina no es un comisario campesino gomecista cuyo proceder autoritario y primitivo se explicaría por sí solo. Es un ingeniero, profesor-investigador del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, y por eso su conducta es mucho más reprobable.

El video corresponde, según la nota que lo acompañaba, a una reunión realizada antes de las elecciones del 14 de abril. Dios quiera que a la luz de sus resultados, el ministro Molina haya reflexionado un poco sobre sus asertos. O, por lo menos, ojalá que la universidad, aun cuando al parecer no le sirvió para hacerle entender conceptos políticos en boga desde hace siglos, le haya servido para adquirir herramientas analíticas que le permitan aclarar su percepción de la realidad. Lamentablemente, no se pueden tener muchas expectativas de que eso ocurra por cuanto su jefe y demás jerarcas del chavismo, vistas sus declaraciones y conductas, están tan perdidos como él.

Pero hay que insistir, sin embargo, porque esa lectura equivocada es la mayor amenaza que esta sociedad confronta. A eso alcanza tener una élite en el Gobierno que no termina de entender lo que les está pasando. Esa falta de comprensión del nuevo cuadro surgido después de la muerte de Chávez y las pasadas elecciones es una puerta abierta a la mayor inestabilidad política de lo que va de siglo y a un peor desempeño económico. Señores, despierten, así no es que se gobierna.