• Caracas (Venezuela)

Francisco Rodríguez

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Fundamentalismo religioso y terrorismo

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Hace algunos años fue presentada en la escuela de Medicina de la Universidad de Oriente, Venezuela, la tesis titulada: “Fanatismo religioso y enfermedad mental” por la excelente psiquiatra venezolana  Ruth Monterola. Me cabe el orgullo y el honor de haber sido asesor de esa tesis. Esta referencia se plantea a propósito del tema del fanatismo religioso y los ataques terroristas; sobre todo por lo que ocurrió con el semanario satírico en Francia el año pasado. Sostenemos que nada justifica un hecho criminal tan abominable como ese. Nadie tiene derecho en nombre de ningún Dios ni ninguna fe religiosa o doctrina de hacer lo que esos extremistas hicieron en el ataque a ese periódico. Es el Pathos, la Ubris de la cual hablaban los griegos: la locura.

También las sociedades pueden volverse locas y no solo el individuo. Se trata del tema  de la violencia y lo sagrado que Giraud planteaba. Pero, por el otro lado hay algunas cosas que es necesario tomar en cuenta: creo que a priori tenemos que respetar los símbolos religiosos porque ellos son sagrados. Significa que a pesar de tantos siglos de contacto de Occidente con el Medio Oriente aún no hemos entendido que cada cultura o grupo étnico es un mundo diferente; es el Otro diferente que no puede ser reducido al Sí mismo por más civilizado que este sea, y al cual no se le puede imponer una Verdad por más universalista que esta sea.

Todo esto plantea el problema del etnocentrismo vs el relativismo de los valores, y en el centro de esta discusión encontramos la “simbólica del mal”. Cada sistema de valores es propio de una cultura determinada y se entiende en el contexto de ella. La libertad, y específicamente la libertad de expresión, es un valor central de la civilización occidental pero no de las culturas propias del Medio Oriente. Tenemos que entender que hay diferencias radicales entre sociedades laicas, liberales y sociedades sacras.

La sociedad de los musulmanes es “sagrada” en el sentido de la diferencia entre lo sagrado y lo profano, y por tanto los símbolos religiosos son tabú, son  sagrados y tienen que ser respetados por todo el mundo, aunque no se crea en esos dogmas ni se practiquen esos ritos. Ahora bien, tratando de explicar los hechos, podríamos decir que desde las Cruzadas tenemos procesos de invasiones, guerras y sobre todo violaciones de los símbolos y tradiciones  más  sagrados del islam. Luego vinieron los procesos de colonización de todos los países del Oriente Medio por las potencias europeas. Es inmensa la cantidad de muertes que dejaron las guerras de descolonización. La fundación del Estado de Israel y la masacre del pueblo palestino, la segregación y rechazo de los musulmanes en el mundo occidental, etc. Últimamente con las guerras de Irak, Afganistán, etc., pudimos  apreciar cómo los soldados de las grandes potencias cometían actos de horrible profanación de los símbolos religiosos de estos pueblos, como: orinarse y defecar sobre el Corán, lanzar el libro sagrado dentro de las pocetas y hacer que los perros le lamieran los genitales a un creyente que se encontraba prisionero (algo tenido como un anatema por los creyentes musulmanes). Todo esto como estrategia de tortura ideológico-religiosa y de quiebra de la resistencia étnico-cultural.

Finalmente, todos los procesos orientados a despojar de sus culturas ancestrales a estos pueblos ha conducido fatalmente a la radicalización de las creencias ancestrales y, por tanto, al fundamentalismo y al terrorismo como respuesta defensiva de sobrecompensación patológica. El concepto de valores-refugio como lo planteó Memmi puede ser una categoría que explique de manera muy eficaz esta situación. Pero a pesar del patetismo de toda esta tragedia esto no le da licencia a grupos que operan con la violencia terrorista a cometer las barbaridades que ellos han cometido. Es por ello que rechazamos la violencia terrorista.

 

Alex Fergusson A Tres manos

 

franciscorodriguez381@gmail.com