• Caracas (Venezuela)

Francisco Rodríguez

Al instante

Banalización de la muerte

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Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos el cuadro de violencia y desolación que nos rodea, las imágenes de muerte que pasan por nuestras cabezas son inevitables. En este sentido y parafraseando a Hanna Arendt hablamos de banalización de la muerte para intentar aproximarnos a la comprensión del fenómeno en cuestión. En este sentido por “banalización de la muerte” podemos entender una actitud que convierte la muerte violenta intencional en un evento que forma parte de la vida cotidiana de manera normal, independientemente del carácter trágico que esta pueda tener. Estamos hablando de una actitud generalizada en el colectivo de “normalización de la muerte violenta intencional o provocada”. Y es por ello que algo tan monstruoso como es la muerte violenta se banaliza porque antes se ha vuelto cosa de la normalidad, del día a día, es decir, que ya la gente no se escandaliza por esto como sucedía no hace más de cinco décadas apenas en Venezuela.

Cuando las muertes violentas espantosas y con saña dejan de ser una cuestión de guerras, cataclismos o accidentes, está claro que un espíritu diabólico de destrucción se ha apoderado de la gente: un instinto de muerte. La muerte atroz causada por violencia instrumental, vale decir, para realizar un propósito más allá de la muerte misma. El mensaje implícito es: esto te puede ocurrir a ti  o a ustedes. Es como un terrorismo social cuyo fin es inducir terror en el otro. Esto transcurre como una epidemia ante la cual pareciera que los mecanismos de resistencia inmunológica del cuerpo social no funcionaran. En esa situación, las expectativas sociales son catastróficas porque la gente espera que cualquier cosa terrible suceda. Es una sensación subjetiva de estar indefenso ante el peligro atroz. Esto constituye la anomia en sentido subjetivo porque la persona no sabe qué esperar realmente; cualquier cosa puede suceder y las mutilaciones graves o la muerte pueden aparecer en cualquier momento producto de la violencia proveniente de cualquier lado; sobre todo en el momento menos esperado.

Bueno, un fenómeno (o fenómenos) tan complejo como este está ya atravesado por múltiples causas; tiene una etiología multifactorial. Es por ello que no podemos hablar de una causa, ni siquiera de algunas causas sino de cadenas múltiples de causación circular. No obstante podríamos aislar un tipo de causas para facilitar el análisis, solo de manera metodológica. En ese sentido podríamos hablar de un “estado de banalización de la muerte violenta” como un tipo de factor que favorece enormemente la ocurrencia del fenómeno. Así, cosas tan destructivas como el insulto por cualquier cosa, la falta de respeto entre las personas; por otra parte, las injusticias sociales y la violencia estructural y la violencia social en general. Todo esto en un momento pasa a formar parte del entorno natural de la sociedad y la familia y por tanto del  niño y del adolescente quien se incorpora a este proceso constituyendo una subjetividad en este sentido. Nada es sagrado, las cosas que revestían cierto velo de sacralidad en la vida cotidiana de las personas ahora son profanizadas.  Me refiero a lo sagrado social: respeto por la vida y los bienes de las personas, por su integridad moral (el cristianismo habla de la dignidad de la persona); respeto por el Otro como diferencia y por  sus  espacios, por la investidura del rol, por la autoridad, etc. Una vez que este proceso de profanación social se instala en una sociedad se inicia así otro proceso segundo pero derivado del primero que es la banalización de la muerte porque antes ha ocurrido una banalización de la vida.   

¿Hay salidas a este laberinto terrorífico? Siempre hay salidas a los problemas humanos; en este caso una de las salidas podría estar en el desarrollo de una campaña a nivel nacional de recuperación de lo sagrado del valor de la vida; la vida de las personas, sus bienes, sus derechos, sus espacios. Recuperar el sentido de lo sagrado de la vida, de las normas, del respeto a los padres, las autoridades, las instituciones, etc. Así como se desarrolla una campaña publicitaria para vender un producto o un  candidato a los puestos de gobierno, así también podríamos desarrollar una campaña por el respeto a la vida. Educación y entrenamiento para la sensibilidad. Podemos trabajar esta idea de recuperación de estos valores a diversos niveles: medios de comunicación masivos, escuela y universidades. Podemos desarrollar talleres de recuperación  de estos valores a nivel de todas esas diversas instancias, sobre todo con las personas más jóvenes.