• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz Yanastacio

Al instante

Gracias, Asamblea Nacional

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Hoy, a 115 días de la instalación, la mayoría de la Asamblea Nacional ha terminado de desnudar el talante del régimen frente a los poquísimos seguidores que le quedaban. Porque, a juzgar por la asistencia a la gran concentración que convocaron el día miércoles en la plaza Diego Ibarra, esa media docena de incautos son los que le quedan. La bancada de la MUD, acatando la Constitución y honrando sus promesas, ha transitado un derrotero que muestra a quienes ostentan el poder como lo que son y nunca van a dejar de ser: unos golpistas comunes y corrientes.

Entrampados como están en la burbuja de mentiras en la que se metieron y tratando sacar partido del desasosiego y de la angustia generalizadas que deriva de la ruina del exitoso plan de destrucción nacional creado por el difunto eterno, intentan desesperadamente convencernos de que la decisión expresada por la soberanía popular el 6-D no ha servido de nada. Así, silban en la oscurana en la que dejaron al país en medio del terror que les causa la certeza de que van a ser desalojados del poder.

Se entiende que en medio de la confusión, algún grupo de ciudadanos embargados por la angustia que sienten por vivir la peor tragedia de la historia de Venezuela caigan en el desánimo y la depresión. La máquina de fabricar mentiras en que han convertido al sistema de medios públicos es muy poderosa y afecta a algunas mentes. Lo que llama la atención es que algunos personajes supuestamente contrarios al régimen presten el servicio gratuito de agentes multiplicadores de esas mentiras. Falta que digan que es un deber que les impone la Ley Resorte. Es claro que en la diversidad que es la MUD, pueden prevalecer propuestas en cuanto al tiempo y lugar en que se deben hacer las cosas, que no sean compartidas por todos, con lo cual no surge duda alguna sobre el derecho de criticar tal o cual omisión. Llegar al extremo, válgame Dios, de hacerle el coro al combo lloriqueante que está aferrado al poder, para decir que la AN no ha hecho nada, ni sirve de nada, es, sin embargo, sencillamente inadmisible.

Puede tratarse del pesimismo crónico de quienes pensaron que ni siquiera tendríamos una fecha para las elecciones del 6-D. O del inmediatismo incorregible de quienes oscilan entre todas las opciones posibles para arrimarse de inmediato al coroto, cuyo más conspicuo ejemplo es el Escarrá supérstite, que un día llama a una marcha sin retorno contra el difunto eterno y, un ratito después se convierte en el abogado, sin que ningún otro pueda ser el más adecuado, de Nicolás Maduro. Ambas cosas hay que detectarlas y espantarlas.

Entran ese aro no solo quienes repiten como loros que la AN prometió salir de Maduro en seis meses, sino también aquellos que maliciosamente dejan que sus conciudadanos sigan ignorando que lo que se prometió –y se cumplió– fue definir en los primeros seis meses de legislatura una fórmula para concretar el cambio político necesario para detener esta fábrica de pobreza que es el chavismo.

Quienquiera que pensase que el castrismo no pondría piedras en el camino –y las seguirá poniendo– es un iluso en una intensidad y magnitud respecto de las cuales la vastedad del castellano no alcanza para describirlas. No hemos visto nada. Para tener una idea de lo que nos queda por ver, hay que revisar los desaguisados que, por solo permanecer en el poder, cometen cualquiera de los gobiernos que integran la mafia geopolítica de los continuistas, a la que ha afiliado a Venezuela el castrochavismo, junto a Cuba, Rusia y China, entre otros. Basta recordar a Putin, quien seguirá saltando de presidente a primer ministro, mientras tenga un perro faldero que no le enseñe los dientes. Repito, con todo lo que han hecho, no hemos visto nada.

Así que lo que haga el instrumento subalterno que se buscaron para burlar la soberanía puede seguir haciendo lo que le venga en gana. Frente a los golpes de Estado que seguirán perpetrando debido a inocultable naturaleza, la Constitución es muy clara: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”.

Confío en que la AN, como representante del pueblo de Venezuela, continuará haciendo lo que tiene que hacer. El logro de la AN es valiosísimo. La AN ha dejado resplandecer a plenitud el talante de los felones del 4 de febrero de 1992, obligándolos a patear día a día la Constitución, disipando toda duda, ante el país y ante el mundo, de que quienes ostentan el poder son y seguirán siendo unos golpistas impenitentes.

Gracias, Asamblea Nacional. Sigan en lo suyo. Nosotros a lo nuestro, a firmar.

Va de suyo que hablo de aquí y ahora.