• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

Al instante

El precio del consenso

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Ochenta y cinco por ciento de los venezolanos dice hoy que irá a votar, cueste lo que cueste. Oí que eso concluyó un estudio de Consultores 21, si no recuerdo mal. Lo celebro, primero, porque corro en ese lote y, segundo, porque está claro que hay una persistencia en el ánimo del venezolano de resolver este vaporón en que nos metimos (incluso quienes nunca hemos votado por los golpistas que detentan el poder) y que mantiene al país viviendo la peor situación reconocible de su historia, por los maltrechos cauces institucionales que quedan a disposición.

Cuando se ha planteado el tema de la responsabilidad compartida de los venezolanos que votaron por Chávez en 1998, he resuelto, que estafados como fueron (salvo los vivianes que conocemos bien), deben recibir la plena absolución. Quienes lo siguieron haciendo de 2006 para acá, es harina de otro costal que no cabe aquí. Rescato de lo de la absolución de las víctimas propiciatorias de la estafa del 98, porque estoy seguro de que si bien compraron el discurso anti-cogollo y la perorata demagógica e hipócrita contra los consensos, era porque deseaban un país mejor.

No obstante, la rendija que se abrió por esa vía dio cabida a una feroz embestida contra las instituciones y los mecanismos que le son propios y que constituyen la esencia del procesamiento de los complejísimos problemas que debe dirimir una sociedad, cada día que pase siendo tal cosa. Difícilmente entendería que alguien me discutiera que el más golpeado de esos mecanismos es el consenso.

El Pacto de Punto Fijo esa joya difícil de replicar en el futuro que nos garantizó la más prolongada etapa de paz y progreso de la historia de este pedazo de tierra, fue pateado y arrastrado por el piso, zarandeado y abusado, hasta no le quedó ni un jirón de prestigio, ante la temerosa pasividad de quienes debían ser sus principales dolientes. Lo peor, creo yo, no es que se arremetiera contra ese consenso, sino contra todos, como por ejemplo contra las reuniones tripartitas, para sustituir los acuerdos construidos en su seno sobre tan importante aspecto de la vida social, por los dictados de un solo individuo. Todo consenso era una trampa, un guiso, un negociado.

El consenso, hoy es, en consecuencia, un miasma. No éste, sobre precios, o aquél, que trata sobre importación de maíz o el otro sobre la tarifa eléctrica. No, el consenso per se, es percibido, luego de la incesante campaña contra dicho mecanismo, como la peor cosa que puede suceder con un tema. 

Para nada extraña entonces que haya algunos venezolanos que vean como normal que una voluntad iluminada sea quien decida por un colectivo, en cuanto a cómo obrar en un determinado momento ante una situación específica. Algunos se acostumbraron al voluntarismo del mandador, pero afortunadamente las reservas políticas del país no se han agotado y están, con un penosísimo esfuerzo, tratando de revivir el consenso como la llave maestra de todas las puertas que nos separan del despertar de esta pesadilla que vive Venezuela.

Celebro que la Mesa de la Unidad Democrática sostenga el consenso y salga a explicar sus decisiones a quienes esperamos que los políticos hagan su trabajo, para fortalecer la plataforma unitaria sobre la cual construiremos la victoria frente a un adversario tramposo y al que se le va la vida en las elecciones parlamentarias, que al saberlas perdidas, se mantiene al acecho dejando peines en el camino, para que le regalemos un evento que lo revitalice. Del otro lado, soportando los ataques destemplados de quienes desde esta misma acera no toleran que sus decisiones unilaterales no marquen la pauta. Ese es el precio del consenso. 

Estamos claritos. 85% de los venezolanos votaremos, contra viento y marea. Parece un buen nivel de consenso. Enfoquémonos en esto y no nos salgamos de allí. Y en cuanto a la marcha: si estoy en Caracas el sábado, me uniré, en ejercicio de mi derecho de manifestar pública y pacíficamente, para exigir la libertad de todos los presos políticos, pero también el regreso de los venezolanos que han sido extrañados por pensar de manera distinta. Nadie me lo prohíbe.

 

El consenso tiene un precio alto. Digamos que, en términos políticos, es muy costoso. Pero una cosa debe quedar clara, su valor como método, siempre superará cualquier precio que deba pagarse por él.

 

Va de suyo que hablo de aquí y ahora.

 

@Francisco_Paz_Y