• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

Al instante

El paro de Maduro

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De una vez aclaro que no se trata del mismo tipo de paro, suerte de compulsivo disimulo crónico que ha caracterizado a este gobierno mentiroso y cuentero. Me refiero a la epopeya que todo sindicalista quiere vivir para ganarse los galones por defender a su clase. En este caso, claque. Maduro, ese que es un paro en sí mismo, por donde usted lo vea, está en huelga.

Mal por el país, pero bien por él, porque hay que reconocer que Nicolás Maduro ha alcanzado su apoteosis como dirigente sindical: logró realizar un gran paro nacional. Por supuesto, como todo lo que ellos hacen, siempre ayudándose con algún artilugio, pero lo logró. No hay duda de que supo escoger el mejor momento para ayudarse, aunque el vocero que suplantó al desvanecido ministro de electricidad, o como quiera que sea que se llame esa máquina para moler el tesoro nacional que es ese ministerio, diga que mucha gente vio televisión y no se ahorró gran cosa en energía durante la huelga de Semana Santa. Maduro tiene la credencial que le faltaba para completar su carrera de sindicalero.

Prepara el gran envión para el paro definitivo, pero esa Asamblea Nacional, con ese afán de estar aprobando leyes, lo ha obligado a él y a sus acólitos a ponerse a trabajar. Lo convirtieron en esquirol de su propio paro. Y lo que le falta, porque con el revocatorio, la enmienda y demás modificaciones normativas que vendrán, van a tener que trabajar. No mucho, porque no hacen mucho esfuerzo tampoco, porque acuden a la primera barbaridad que se les ocurre. Por ejemplo, frente a la enmienda ya sabemos que el gobierno la va a declarar nula porque dicen que aplicarle un recorte al período de Maduro, sería inconstitucional. Tal barbaridad no se pasea por el detallazo de que el recorte sería establecido por una norma también constitucional que, como tal, no puede ser inconstitucional. Equivaldría a decir que la excepción a esa norma, según la cual una ley puede aplicarse en forma retroactiva cuando favorezca al reo, como lo establece nuestra Constitución, es inconstitucional. Júrenlo, en su ceguera de perder la impunidad que les da el poder, van a llegar a decir que la Constitución es inconstitucional.

El pueblo venezolano le está saboteando el paro presidencial a Maduro, porque ese paro le dispara a matar desde todos los flancos. Para empezar, el pueblo eligió abrumadoramente a una Asamblea Nacional con más de dos tercios de diputados opositores, que otra manifestación del paro de Maduro, pretende escamotear. Y para terminar, el pueblo va a seguir refrendando con su voto cualquier iniciativa que contribuya a salvarlo de morir ahogado en este mar de la felicidad al revés en el que están hundiendo al país.

Como ocurre siempre en política, las acciones determinan que se generen dinámicas no previstas. Así, el paro de Maduro ha sacado de ese letargo que sigue a la etapa de negación en la que se encuentran por deslave de votos que los dejó turulecos el 6-D, a algunas voluntades que le acompañaban. Voluntades que consideran que es mejor andar solo que mal acompañado y cuyo deslinde ha ameritado, para Maduro, en un intento de que no se rompa el paro como consecuencia de esas deserciones, aceptar un papel secundario en el principal programa cómico de la televisión venezolana, con el ánimo de proyectar una unidad que no es tal, haciendo evidente su postración. Y, por no estar muy seguro de la efectividad de una sola dosis, programó otra aparición en ese mismo show para el 6 de abril. El anfitrión le dijo que sí, que con mucho gusto lo esperaba, pero quién quita, cabe advertirle, se encuentre allí con quien hoy es llamado traidor por su deslinde, que habla como candidato presidencial del chavismo. El anfitrión es capaz de eso y mucho más. Recuerden que hasta perdonó a un cercano competidor.

Así que no le auguro que el paro se vuelva definitivo. Todo tiene su final. Hasta Fidel Castro, créanlo, vivirá su último día. Este gobierno, como todos los que han existido bajo el cielo, desaparecerá también. Entonces, dejará de hacer el paro.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.