• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

Al instante

La mentira como ancla

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En julio de 2009, escribí para Tal Cual un artículo titulado “Goebbels insuficiente”, el siguiente pronóstico sobre las consecuencia de la apropiación de la mayoría de los medios de información por parte del gobierno: “Se acabarán los homicidios, los secuestros, los robos, el tráfico de drogas, los niños de la calle, los abusos policiales, el desabastecimiento, los jueces presionados desde el Ejecutivo, las focas encuruladas, los arbolitos de Navidad, la defensa de puestos, los aduladores, las usurpaciones, los desconocimientos a la voluntad del electorado, las confiscaciones, el desempleo, la inflación, el déficit habitacional, las manirrotas donaciones a otros países, las protestas de los trabajadores por sus reivindicaciones y el larguísimo etcétera que todos los venezolanos oímos a diario en alguno de los medios que aún no engrosan el latifundio mediático oficial”. Me parecía que este barco se preparaba para anclarse en la mentira.

Está a la vista que me equivoqué. Todos esos problemas siguen allí, a pesar del crecimiento exponencial del cáncer hegemónico sobre los medios de comunicación y del flujo de mentiras que en forma incesante el gobierno intenta inocular a la población. Y es que sin importar el empeño que ponga el gobierno en seguir confiscando, comprando, cerrando, persiguiendo o ahogando medios de comunicación, parece haber caído en cuenta de que la mentira tiene patas cortas. Empieza, entonces, a acudir a las medias verdades o, lo que es lo mismo, a las medias mentiras.

Tres ejemplos sustentan mi observación y rescatamos en primer lugar la develación del golpe magnicida aeroartillado denunciado la semana pasada. Me luce que es un caso de media verdad y, de cajón, mitad mentira, porque si el gobierno dice que hay militares descontentos dispuestos a traicionar su juramento para hacerse con el poder, no veo razones para no creerle. Aunque no los ejecuten bien, quienes saben de intentos de golpes son ellos. La mitad no creíble es la que se manipula para utilizarla contra dirigentes opositores con claros fines intimidatorios, frente al proceso electoral que tiene que realizarse este año. Allí brota la verdad: no hay más que un trapo rojo tratando de esconder los números de una gestión de gobierno, que no ha sabido ser tal. Frente a los golpes, vengan de donde vengan, hay que defender la institucionalidad.

El segundo ejemplo es el Simadi. Años prometiendo pulverizar al innombrable para terminar impartiéndole la bendición al travieso numerito, pero con la utilización de la media mentira de no reconocer la más monstruosa devaluación de nuestro signo monetario ocurrida en su historia. La media verdad en este caso es que no pueden eliminar el control de cambio, con el que le declararon la guerra al aparato productivo desde 2003. La media verdad es el miedo que deriva del abuso y del fracaso económico del gobierno y que sintetizó Aristóbulo Istúriz, cuando dijo: “Si nosotros quitamos el control de cambio ustedes nos tumban” (El Universal, 14 de julio de 2014). Yo no creo que nadie los va a tumbar, salvo por la aplastante derrota que ellos saben van a sufrir en las elecciones parlamentarias.   

El jonrón de esta cuenta, que no por colocarlo en tercer lugar es menos importante, se inscribe en el contexto del barullo (jaleo, por si algún lector español se tropieza con esto) que ha causado el crecimiento de eso que llaman Podemos en España y que no es más que el chavismo disfrazado. Debo aclarar, excusándome por la digresión, que no vería mal que el chavismo llegara al poder en España, para terminar de develar el fraude que constituye como error histórico que es. La fortaleza que han alcanzado las instituciones democráticas españolas no le van a dar mucho espacio para cometer los desmanes que pudieron ejecutar aquí. Sin espacio para el autoritarismo, el chavismo, así se vista de torero, se ahogará en su populismo demagógico.

Volviendo al punto, el tercer ejemplo es el contenido pleno de una entrevista que realizara Vladimir Villegas, ancla de un conocido programa, a Ignacio Ramonet, algún día de la semana pasada (creo) y que ha sido muy publicitada (la vi el lunes de Carnaval en reposición). Ramonet dice que esta revolución ha construido hospitales, pero se queda en la media verdad de que la mayoría de esos hospitales los levantan en otros países, como Uruguay o Bolivia, porque aquí no fue. Ramonet se explayó para explicarnos en detalle cómo el golpe develado es una atrocidad con el que se pretende abortar este maravilloso proyecto que se ejecuta en Venezuela y que a él le gustaría ver reproducido en Grecia y en España. Frente a él, un entrevistador muy cordial, que parecía estar desconectado de la realidad a la que se refería el entrevistado. Ramonet, al parecer, sabe más del intento de golpe que quienes lo develaron. Deja claro que la mentira nacional no es suficiente y ahora hay que importarla. También al parecer, acabaron con la producción nacional de mentiras. ¿La importan a 6,30 bolívares por dólar o al dólar del Simadi?      

El barco se está desplazando, porque la marejada de verdades que lo empuja es más fuerte que el ancla de las mentiras que lo sostienen.  

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora. 

@Francisco_Paz_Y