• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

Al instante

Las medidas de las colas

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Casi llegamos al mar de la felicidad. Como consecuencia de la imitación de cuanta medida nefasta se tomó en Cuba, sin llegar al extremo de eliminar los reductos elementales de la institucionalidad democrática, Hugo Chávez Frías y su heredero –pero eminentemente aquel– acercaron muchísimo la forma de vida de la isla a la sociedad venezolana. El signo: las colas. Curiosamente, el cuento de la desmemoria de 2014 que echó el régimen hace dos días en la Asamblea Nacional, no contiene una sola mención de la isla.

Las colas, que no las de Pdvsa, que en un arranque de demagogia prometieron acabar vendiendo los sofás… perdón, los aviones y que aparecieron mirandinamente protegidas, tienen diversos espacios, momentos y rostros. Están las colas de Dante, aglomeraciones consistentes que son hijas de un proceso de desmantelamiento institucional que tiene como propósito dejar al ciudadano a merced de la volubilidad de algún funcionario malhumorado y mal pagado. Están las colas del rebusque, sobre las cuales hemos desarrollado algunas ideas en otros artículos. Solo una categoría es prototítipica del desastre que vivimos y no es otra que la que se hace para comprar productos básicos. Además, es la úlcera visible que nos ha dejado este raspón en la historia del país que fue Hugo Chávez.

Las colas apenas comienzan. Y las medidas no llegan. El terror que tienen quienes ostentan el poder por ejercerlo, puede llamar a equívocos, pero es fruto de las sombras que rodean el resultado electoral de 2012. No hay duda de que la contumacia gubernamental sobre la grave situación que vive el país anda en procura de una épica que le permita acrecentar los desafueros que los atornillen en el poder, convalidando la ilegitimidad que proviene del abuso continuado de los recursos públicos en la consagración de un ventajismo grosero que, como es palpable, los ha dejado colgados de la brocha. De allí que las colas no sean más que una creación de la re-involución milica-incivil para provocar a los desesperados de lado y lado.

Y de este lado hay que advertir que se insiste con inusitada frecuencia en un discurso según el cual es una verdad incuestionable que una catástrofe económica como la que vivimos no dará al traste con un régimen desastroso como el chavista-madurista. Y se exhibe como símbolo de la verdad a Cuba. “Miren, no crean, ahí está Cuba, más de medio siglo después”, repiten y repiten. Olvidan un detalle: en Cuba no hay elecciones, sino una parodia electoral en la que un partido único compite contra él mismo. Aquí no solo las hay, sino que se las hemos ganado al régimen a pesar del abuso y el ventajismo. Así que la catástrofe que ha descendido del régimen y de nadie más en estos quince años, cuyo símbolo son las colas, parirá colas más enormes, más grandes que las de la harina pan, para votar por el retorno de la civilidad a Venezuela.

Por eso, no todo el esfuerzo formativo de las colas se perderá. Tendrá utilidad para el único objetivo que la ciudadanía debe perseguir: el proceso electoral. Estaremos entrenados, de tanto hacer cola, para las grandes colas, de las que no debemos desistir, que son las que servirán para recuperar la Asamblea Nacional y comenzar la reconstrucción nacional. Y vendrán más, hasta que le pidamos a Dante Rivas que monte un sistema para acabarlas.

La debilidad que no solo confesó el mandatario verbalmente, sino también en forma gestual, mientras echaba su cuento para la desmemoria, es un síntoma más de lo que viene. Van a montar al suyo (de ellos, porque mío, ni de vaina) Cid en el caballo, para tratar de dar lo mejor de sí en esa batalla que será muy poco. Otra vez los ministros han sido llamados a echarle una ayudadita. ¿Hablarán algún día? El miedo no es solo por los números que le muestra el señor León, quien ha sacado cierta ventaja frente a las tesis farragosas psicoemocionales de un antiguo preferido del régimen en materia de encuestas. El miedo es a tomarles las medidas a la cola, que en definitiva es el miedo que le generan las colas de los centros de votación que en sus pesadillas deben estar atormentándoles desde hace semanas. ¿No es así “campión”?

Si hoy le sacaran diez “puntas” a la oposición, creo que deberían apresurar esas elecciones, porque cada día que pasa las colas por las medidas o las medidas de las colas, diluirán esa supuesta ventaja como mantequilla (¿la recuerdan? Se hacía de la leche... Bueno, mejor olvídenlo) al sol.

No podemos desviarnos. No hay excusa y tenemos una cola que nos marca la ruta. Usted tome la cola de su mesa electoral. No se deje engañar por el ejemplo de Cuba, porque era un mal ejemplo.

Va de suyo que hablo de aquí y ahora.

@Francisco_Paz_Y