• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

Al instante

La hora del miedo

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Llegó la hora de pagar. Aunque coincida con el vencimiento de los cupones de la monstruosa deuda externa que nos legó el finado eterno, cuyo único acierto fue largarse hace tres años, me refiero al vencimiento de otra deuda. A la deuda derivada de los perjuicios materiales y morales que toda la población sufre hoy por la ruina en que se encuentra el país.

Llegó la hora de pagar la cuenta del desastre producido, protagonizado y dirigido por un elenco de golpistas que hoy, al ver la película que lo recoge, tiritan de miedo. Todo está grabado y no hay manera de borrar esa película de la memoria de los venezolanos.

Están en mora y tratan de prolongarla, pero tarde o temprano van a pagar por este desastre y ellos lo saben. La conciencia de que ese hecho es ineluctable, es lo único que dirige hoy sus conductas. No pueden darse el lujo de perder el poder que a estas alturas no utilizan para gobernar, sino como un escudo de sus gravísimas responsabilidades.

Tengamos un momento de especial sinceridad y preguntémonos: ¿de verdad le extraña a alguien que los golpistas subviertan el orden constitucional con el golpe de Estado continuado que están ejecutando al desconocer la voluntad popular expresada el 6-D? Para quienes la pregunta no deja claro de qué van a ser capaces, no cabe sino recordarles que quienes hoy controlan el poder asesinaron a centenas de venezolanos el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, por su sola aspiración de tomar el poder. La vida de inocentes no importó al momento de ponderar (digo yo que ponderaron) las consecuencias de la felonía que planeaban y que ejecutaron. En ese momento, más allá de la traición al juramento que implicaban las intentonas golpistas, nada debían a la sociedad.

Es esa la diferencia con el golpe a la soberanía que ejecutan hoy. Tienen una inmensa deuda y, si son derrotados, tienen que pagarlo todo. Al calzar sus zapatos por un momento, uno entiende perfectamente la invasión de terror de que deben ser presas cuando se imaginan fuera del poder. Nada son sin el poder. Perdón, nada, es mucho decir.

Y por supuesto se aferran a la idea de que lo indefectible, lo fatal, lo que va a ocurrir, se puede evitar, modificando la Constitución con actos de fuerza, porque las víctimas, dicen ellos, no jugamos. Están equivocados. Sea cual sea el mecanismo por el que opte la MUD para desalojar a los golpistas del poder, lo vamos a transitar, respetando la Constitución y vamos a pasar esta página.

La tragedia que vivimos los venezolanos como consecuencia del desastre de estos diecisiete años es el motor que hará que todos los esfuerzos se sumen a la vía constitucional, democrática y electoral que escoja nuestra dirigencia. En cuanto a este particular, no veo contradicción alguna en encender el entusiasmo de los partidarios de todas las opciones, al abrirle paso en una primera fase, a todas las disponibles. Se puede tramitar la enmienda mientras se recorre el camino del revocatorio, por ejemplo. Y aunque he dicho que Maduro está impedido de renunciar, porque al no gobernar no tiene a qué renunciar, no veo razón para que quienes no convienen en ello, pongan todo su esfuerzo en pedir día a día su renuncia.

Que quienes manipulan el cubito concentrado de poder que aliña el guiso putrefacto que es este régimen incalumniable, del que la soberanía popular ya excluyó al Poder Legislativo, van a hacer todo lo posible por frenar cualesquiera que sean las vías que se escojan, nadie lo duda. Es el miedo lo que los tiene así. Si por llegar al poder despreciaron la vida de inocentes, que pateen la Constitución a diario por el miedo a tener que responder es algo que no debe sorprender a nadie. Razón por demás clara para estar listos y enfrentarlos con las energías reunidas de todos los ciudadanos. 

La certeza de que van a ser desalojados del poder no los deja dormir. Fatalmente, con el esfuerzo de una ciudadanía hastiada de las mentiras, la irresponsabilidad, la corrupción más asquerosa y la impunidad frente a una delincuencia que promueven, van a ser echados del poder y van a tener que responder por este desastre. Por eso viven las angustias de la hora del miedo.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.