• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

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Francisco Paz

El gobierno de los entrampados

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Desde que las encuestas anunciaban un final de fotografía en las elecciones de 2013, quienes nos aventurábamos especulando sobre escenarios, siempre con un resultado estrecho, coincidíamos en una sola cosa. Del oficialismo resultar ganador con una estrecha mayoría, en el marco de la campaña electoral más ventajista, abusiva y manipuladora que conociera la historia del país, se hacía evidente que se les haría sumamente difícil gobernar. A la vista está que nos pelamos, porque no es que se les ha hecho difícil gobernar, sino que no han podido gobernar.

Hoy Venezuela se encuentra a la intemperie, con el agua al cuello y el techo roto, sin el más mínimo chance de subir en él. Cuando sucedieron a Hugo Chávez, hace casi dos años, el agua daba por los tobillos y había diversas opciones para resolver. Lamentablemente, la mentira sistemática se impuso, y no se hizo lo que se tenía que hacer y se hizo lo que no. Hasta hoy se ha impuesto la política de la mentira sistemática. Y no gobiernan. Ellos lo saben, a menos que crean que gobernar es salir en cadena con un “baseball bat” made in USA, en las manos, agitándolo como Manuel Antonio Noriega agitaba un machete. No gobiernan, porque están entrampados en la mentira.

Es necesario hacer algo con ese terror paralizante al costo político que los amarra, que deriva del discurso demagogo-populista-militarista que han mantenido a lo largo de 16 años. Hay que conseguirles un psiquiatra distinto a ese que usa la terapia de choque auditivo, uno que les destape la habilidad de decir la verdad, sin miedo. Y como hacer eso requeriría su consentimiento, y es muy probable que no consientan, hay que asumir de inmediato la tarea de colocar y mantener diques a las tentaciones golpistas.

Es aquí donde la política con sus posibilidades debe iluminarnos. De no estar gobernada Venezuela por una claque que se consume en un resentimiento destructivo e irracional, que no cree en Dios pero vive hablando de espantos, esta hora precaria debería ser enfrentada con el concurso de todos los venezolanos. Esta es una hora para la unidad nacional. Tristemente, el resentimiento es incompatible con la unidad y la tarea de proteger el bien más preciado construido desde 1958, que ha resistido los más feroces ataques de esta re-involución milica-incivil, que es la institucionalidad democrática, debe ser una tarea primordial para los partidos políticos agrupados en la MUD.

Mientras ellos consumen la inercia desfalleciente de un impulso político y económico que trataron con desprecio, debemos empeñarnos en que no se salgan del cauce democrático. La tentación golpista los atormenta, tanto porque son los golpistas convictos y confesos que no han dejado de patear las constituciones desde hace 23 años, como porque en estos momentos debe significarles la única opción de sobrevivir, la posibilidad de tener éxito con un nuevo golpe. Primero que todo, deberían recordar que en eso de las asonadas militares son unos fracasados, como lo demuestran las sangrientas intentonas del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992, en las que Carlos Andrés los derrotó. Luego, deberían recordar, como muestra Tolstoi en Guerra y paz, que los planes de guerra no sirven para nada.

Ojalá caigan en cuenta de que están entrampados, por violar la máxima que con sencillez expuso Lincoln, cuando sentenció que se puede engañar a todos por algún tiempo, así como puedes engañar a alguna gente todo el tiempo, pero nunca podrás engañar a todos todo el tiempo. Mientras, quienes queremos recuperar el Estado de Derecho debemos apuntalar la institucionalidad democrática defendiéndola de los espejismos golpistas vengan de donde vengan.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.