• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

Al instante

Una foto, por favor

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Hay las que se dan espontáneamente y surgen luego como testimonio histórico incuestionable de hechos que pudieran estar en discusión. Hay unas que no aparecen nunca, para desgracia de muchos, tanto de los interesados como de los desinteresados. Y hay unas que los posibles figurantes, no quisieran que se tomen.

A la segunda clase de fotografías pertenece la que nos ha desgraciado la vida a los venezolanos desde el lunes pasado. Independientemente de que la culpa haya sido del Servicio Secreto de Estados Unidos que podría haber impedido que se hubiera tomado, o de la impericia de la canciller venezolana, que en su afán de procurar un encuentro de su jefe con Barack Hussein, pudo haber olvidado el palito de las selfies, la desgracia derivada de la inexistencia de esa foto la estamos pagando los venezolanos. Unos más que otros, por supuesto. Por ejemplo, aquellos venezolanos que requieren su cupito de dólares, sufrirán peores consecuencias que los depuran sus cobritos en Andorra.

La falta de esa foto hizo que el gobierno se sienta más débil que antes de ir a la cumbre. Me imagino a la delegación oyendo despechada a su regreso de la cumbre “Tears in heaven” de Eric Clapton, que a pesar de que no es gringo el hombre, es una buena pieza. Esa debilidad obviamente se constituye en un obstáculo para vía electoral que debemos mantener rumbo a las elecciones parlamentarias, porque el gobierno advierte que llegará boqueando a esa cita, sea cual sea la fecha que le conceda el CNE. El gobierno va a seguir provocando cualquier clase de sucesos que les sirva de excusas para tratar esconder la gravísima situación que vivimos los venezolanos como consecuencia de la ineptitud y la corrupción, como único salvavidas posible para mantenerse en el poder. Por cierto, estimado lector: ¿ya firmó contra Rajoy?

Dentro de la tercera de las clases de fotos, está la del cantadísimo resultado electoral para los representantes al Parlatino. A esa le tienen miedo y como el miedo es libre, sobre todo en Venezuela, vale la pena extendernos en lo que está ocurriendo con esto. El miedo tiene diversas manifestaciones por ser un generador de una necesidad esencial, que es la de sobrevivir o protegerse del peligro que uno cree o sabe que le acecha. El ingenio se agudiza a tal punto, que puede generar las más maravillosas ideas como las más descabelladas. Como la descabellada explicación que dan desde la directiva de la Asamblea Nacional, sosteniendo que no hay razones para que los diputados al Parlatino sean electos por la vía del sufragio universal, directo y secreto, porque esos diputados representan es la Asamblea Nacional y es ésta quien debe designarlos. Brillante ¿verdad? Otra, no debe haber elecciones para esos diputados porque Venezuela es único país que lo hace. Que la Constitución venezolana establezca que deben ser electos directamente por el cuerpo electoral, no vale un comino.

La verdadera razón para no querer hacer esas elecciones no las confesarán. No obstante, todo el país sabe que estos demócratas de conveniencia no quieren contarse en el escenario nacional. No quieren que esa foto sea tomada porque quedará al desnudo el sustento de la mentira más manida que repiten incansablemente. Porque ya no son mayoría. Una buena porción del pueblo venezolano que les daba su respaldo cayó en cuenta de la estafa en que los han mantenido en estos dieciséis años.

La situación venezolana es una foto compleja que permite advertir, por una parte, la cara de la región acomplejada que presenta el hoy difunto Galeano, en el libro de cuya autoría se supo arrepentir oportunamente para él, pero tardíamente para sus víctimas; junto a la otra cara que muestra una sociedad que quiere deslastrarse de los complejos y de las excusas, para insertarse en el camino de la paz, la justicia y el progreso.

Esa foto no se nos debe perder, que es de las de la primera clase que mencioné, para que quede como evidencia del paraje al que no queremos volver, mientras nos muestra el camino que queremos recorrer. A propósito de la muerte de Galeano y de la valentía que mostró arrepintiéndose luego de causar tanto daño, vale la pena recordar la obra “Del buen salvaje al buen revolucionario” de Carlos Rangel, quien ha hecho la mejor descripción, con más vigencia que nunca- por la materialización a la manera profética de sus advertencias - de esa foto de la que hablo. 

 Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.