• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

Al instante

El fantasma de 2005

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Diez años se cumplirán por estos días de uno de los peores desastres generados por la antipolítica que se ha enseñoreado en Venezuela desde la década de los noventa del pasado siglo. Son diez años en los que hemos sufrido las consecuencias de la postración en que se mostraron quienes no han debido claudicar de su papel de dirigentes frente a la petición irracional de los dirigidos, que se traduciría, como en efecto se tradujo, en la etapa más abyecta y oscura de la institucionalidad democrática venezolana. Lo más lamentable es que ese trance no fue producto de un zarpazo. Fue producto de la renuncia al ejercicio de la soberanía popular.

Hoy podemos ver que hay voces que juegan a la “güija” u “ouija”, tratando de invocar este fantasma que desde 2005 potenció el socavamiento de la esencia democrática del Estado venezolano. Paradójicamente, hoy, sin rubor alguno, deben estar sacando punta a los argumentos pro abstencionismo basándose en los abusos cometidos por la mayoría gobiernera del Parlamento el día martes, cuando hicieron como les vino en gana con la elección de los integrantes del comité de postulaciones para designar a los nuevos magistrados del TSJ. Pues, que no vayan tan rápido, porque tienen que pensar un momento que estos lodos vienen de aquellos polvos. Y pensar también que, de no haber sido exorcizado ese espectro en 2010, estaríamos contando como otro abuso la elección, por esa misma mayoría gobiernera, del comité para seleccionar a los rectores del CNE. Gracias a que en 2010 sí fuimos a elecciones, no tienen la mayoría calificada necesaria para lograrlo. Y gracias a que en 2005 no fuimos a las elecciones parlamentarias (con la mayoría que le regalamos al gobierno en 2009 cortaron la Ley del TSJ a su medida), sí tienen el control del TSJ que les hace vociferar que por no someterse la bancada opositora a sus deseos, el nombramiento lo hará el TSJ por esa carambola que llaman “omisión legislativa”.

Si bien el debate puede darse sin enrostrar culpas, creí pertinente traer a colación el tremendo error cometido a manera de recordar los riesgos de equivocarnos otra vez en eso (yo tampoco voté en esa elección), porque los humanos somos los únicos que tenemos una infinita capacidad de equivocarnos conscientemente ante la misma situación. Y los venezolanos, ni se diga. Por cierto, algunos hasta se jactan de haberse equivocado dieciocho veces, entre diecinueve chances electorales que tuvieron para acertar. Menos mal que el único acierto fue en el todo o nada. 

La buena nueva que hace la diferencia ahora, y que nos ayudará con el exorcismo de tan nefasto fantasma, viene integrada por aspectos que es preciso desmenuzar. El primero de ellos es la lección de sensatez que acaba de dar la Mesa de la Unidad Democrática. Esa alianza de partidos –que no partido único– encontró en la diversidad la magia del consenso, en una muestra del ejercicio de la política que es necesario comenzar a reivindicar como un valor fundamental del país que queremos. La alianza, luego de una sensible baja por la salida de su dirección de un gran militante de la unidad, como se autodefine Ramón Guillermo Aveledo (el “gran” es mío), ante el escepticismo de muchos –entre los que me cuento– frente al reto de sustituirlo, encontró una fórmula digna de ser saludada con optimismo.

Con sus estructuras fortalecidas y adaptadas a los nuevos desafíos, lo cual de por sí da mucho qué decir en halago de la labor desarrollada de esos días de reflexión a que la llevaron los acontecimientos del segundo tercio del año, la MUD encontró en Jesús “Chúo” Torrealba a un coordinador de lujo que no nos va a defraudar a quienes estamos convencidos de que la supervivencia de la república pasa por un cambio de rumbo en el marco de la Constitución. Las dificilísimas circunstancias que estamos enfrentando como sociedad, producto de la quiebra del país por el afán de perpetuarse en el poder que no se avergüenza en mostrar la camarilla gobernante, requerirá una mayor presencia de los partidos de la alianza en cada uno de los municipios del país. Y de cómo ayudar allí, sabe Chúo. De cómo buscar una solución a cada una de las carencias y cada uno de los problemas concretos que este desgobierno despilfarrador, manirroto e irresponsable les ha legado a los venezolanos. Sobre eso “Chúo” Torrealba tiene mucho qué decir, porque tiene años diciéndolo.

Y, sobre este particular, no puedo dejar de decir que el entusiasmo que ha generado en todos los grupos con los que hablo, a los que oigo y los que leo, es una causa adicional de beneplácito. Sin entrar a detallar expresiones del calado de la periodista Júrate Rosales, quien atribuye proporciones telúricas al nombramiento de Chúo. Las reacciones que he visto entre los diputados gobierneros, nacidas del más puro terror, parecen darle la razón.

Por supuesto, se oyen voces en contra. Un anónimo de las redes sociales, cuando comenzó a rodar la noticia, dijo que los hermanos Villegas estaban “descorchando champaña” por la designación de “su hombre” como secretario ejecutivo de la MUD. Lástima que ese día yo no tenía champaña. Y no es que tuviese algo que celebrar porque conozca al señor Torrealba, ni que vaya a encamburarme por su ascenso. Ni lo conozco si quiera. Solo que a las serias razones dichas y por decir dada la frontal satisfacción que me causa su nombramiento, debo agregar que no creo que pueda cometer muchos más errores en su vida, porque con pertenecer al Magallanes –y confesarlo en Twitter®–, agotó buena parte de su cupo.

El segundo aspecto de la buena nueva, y que creo que repele definitivamente el espíritu que nos ocupa, es que frente al momento electoral que se avecina, las cualidades muy especiales del nuevo secretario ejecutivo de la MUD como comunicador social son una ventaja frente a la desvencijada rockola cansona y devaluada en que se ha vuelto el gobierno. No sé si es, como lo ha expresado mi muy estimada profesora Sary Calonge, con la genialidad que la caracteriza, que “en la MUD ya no se va a hablar en latín, sino en criollo”. Sin embargo, yo sí creo que Chúo va a conseguir la manera adecuada para comunicarse con todos los venezolanos, llevando el mensaje de esperanza y progreso a cada rincón del país.

—¿Y la trampa? –preguntaría el fantasma. Qué va, en 2015 ni con trampa.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.

 

@Francisco_Paz_Y