• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

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Francisco Paz

El camarado Mendoza

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O es que acaso, quizás, como me aconsejan, ¿he debido llamarle compatrioto? El rigor que ha de tenerse hoy, para no discriminar a los géneros (o a las géneras), nos puede impulsar a cometer infracciones que deberían ser perdonables, más aún si tomamos en cuenta que ya está claro que hay un tercer género al que debemos guardar la debida consideración. Como lo tuvo en cuenta un diputado que en plena sesión de la Asamblea, cuando llamó a Henrique Capriles, con el más fiel fidelista estilo: mariconsón. ¿Se acuerdan? Si responden que no, estén tranquilos. Yo tampoco recordaba esas edificantes –e ilustrativas– lecciones que nos dio quien, según los rumores de buena fuente, será el adalid (rima con “diredtivid”) de la “lucha contra la anticorrupción”. El hombre suena para contralor. Ave María Purísima.

Superada, de momento, la andanada sintáctico-temporal-revolucionaria, yo quisiera contar por qué creo que el compatrioto Mendoza nos ha estado fregando toda la vida (la mía, al menos) con eso que llaman en mi pueblo (El Tigre, valga la cuña) panarina. Le llaman harina PAN, en Caracas y en muchas otras ciudades menores que El Tigre, como lo son Maracaibo, Valencia, Cúcuta, etc... El tema es que voy a develar el secreto de cómo la Polar nos ha mantenido en el atraso y se ha aprovechado de nosotros mediante ese poderosísimo instrumento de dominación que es la harina de maíz precocida.

El hecho es que, rintintineando a las órdenes que da el gobierno revolucionario, nos pusimos a hacer hallacas hace unas dos semanas, para adelantar la Navidad que tercamente no quiere venir, y sigue parada por allá por el 24 del mes que viene, esperándonos en la bajadita. Por cierto, no sé por qué no aprovecharon la Habilitante y sacaron un decreto con rango y fuerza de ley orgánica y la fijaron, no sé, para ayer o para la semana que viene. A veces creo que el presidente lo que está es mal asesorado. Pero, bueno, de vuelta al punto, en la batida que organizamos me correspondió a mí encargarme de la masa. Me negué rotundamente a comprar esa harina que hace el señor de marras y compré dos kilos de maíz pilao, o pilado, como mejor lo quieran leer. De esos dos kilos de maíz, con la memoria de cómo la hacía mi abuela Dora Virginia y una ayudadita de Scannone, saqué cinco kilos y un cuarto de las fina masa de maíz que haya tenido jamás entre mis manos. Entre escogerlo, lavarlo, hervirlo, dejar que se enfriara toda la noche y molerlo, me tomó solo unas doce horas y media.

Comprenderán que me sentí víctima de una estafa brutal. Esos tipos nos venden un kilo de su harina, de la cual entiendo que solo saldrá poco menos de unos tres kilos de masa, en doce bolívares con cuarenta céntimos, es decir, casi dos dólares, al cambio oficial que mantiene el gobierno, tranquilo y sin nervios, vale decir. Para lograr los kilos de masa que obtuve, gastamos cien bolívares en los dos kilos de maíz.

Ante eso llegué a la conclusión de que había algo que no me cuadraba. Y una deflagración hizo desvanecer lentamente el telón que ocultaba la más clara verdad: los Mendozos (así le oí a un camarado llamarlos en una cola del Bicentenario, de esas que ya desaparecieron gracias a las captahuellas) venden más barata la harina PAN para que el pueblo no tenga la oportunidad de ponerse a sembrar, pilar, limpiar, lavar, hervir y moler el maíz, con el único propósito de mantenernos sometidos, evitando así que les tumbemos ese fantástico negocio. ¿Se imaginan cuántos kilos de masa produciríamos si no estuviésemos haciendo todo el tiempo una cola para comprar la bendita harina esa? Con razón, el eslogan con el que salieron a destruir el trabajo de este noble pueblo fue: “¡Se acabó la piladera!”. Toda una manipulación mediática. Esto hiede a CIA, sin duda.

Claro, de todo esto, me queda una duda: si dejamos de hacer la cola para comprar la harina y nos ponemos a elaborarla nosotros mismos: ¿cuándo trabajamos? Nota: la pregunta vale solo para aquellos que piensan que la única fuente de progreso y bienestar es el trabajo. Quienes no piensan así, por favor pasen directamente a la próxima oración desde donde dice: “Sin duda”, en el párrafo anterior.

¿Alternativas? Bueno, ya hemos visto que el gobierno ha querido crear sus propios Mendoza, pero no ha sido tan fácil, así que por ahí como que tampoco es.

En cualquier caso, mientras se resuelve el enigma (¿o enigmo?) planteado, cuya solución me dedicaré laboriosamente a esperar que me sea revelada en una cadena, voy a pensar en estos temas: ¿cómo nos estarán timando también con la cerveza? Y, no menos importante: los Mendozos, ¿serán los mismos Mendoza?

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.