• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

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Francisco Paz

¿Es Venezuela una amenaza?

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Desde el principio he tenido la clara impresión de que, en realidad, Cuba es lo que gravita en la orden ejecutiva decretada por Barack Obama, considerando la situación en Venezuela como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos de América. Me parece evidente que las consideraciones de la Casa Blanca pasan por escrutar el panorama electoral que le es adverso a los demócratas, como consecuencia de una aparente blandenguería frente a Cuba, traducida en el cambio de política hacia la isla, que hace inadmisible permitir que se piense que se va a tomar una actitud similar frente a Venezuela. Es decir, todo eso va a intentar resolver un tema doméstico de la política americana.

Es obvio que aparecemos en la foto, pero en muy mala forma. Según esa línea de apreciación que he seguido, la orden ejecutiva no hace sino fortalecer a un gobierno venezolano que hasta la fecha del decreto de Obama se encontraba en una situación sumamente precaria, porque le insufla el muy útil aliento chauvinista que ha salvado a más de uno de la hora menguada. Y, en definitiva, Obama, sin que le temblase el pulso, le ha lanzado un salvavidas a Maduro, saboteando –en forma infructuosa– las posibilidades de un cambio político en Venezuela.

Cómo no llegar a esa conclusión cuando vemos entre las reacciones del oficialismo esa monstruosidad repugnante que es la Ley Habilitante, diseñada para endurecer la persecución contra la oposición Venezolana. En ese contexto, lo de la fulana guerra con Estados Unidos no puede considerarse sino una charada, sobre todo luego de ver los misiles amarrados con mecates, la pérdida de equipos y la lamentable muerte de un soldado en unos ejercicios militares que solo muestran el desastre en que se ha convertido la Fuerza Armada. No cabe duda, por cierto, cabe resaltar, que eso que vemos es una Fuerza Armada chavista.

Me movía en esas ideas que he venido exponiendo a distintos interlocutores, cuando me he encontrado con otra tesis que, debo confesar, me parece muy verosímil. Es la tesis de quienes piensan que la decisión de Obama no es para resolver un problemilla doméstico, creado por los alaridos republicanos y el exilio cubano y venezolano que le endilgarían cierta alcahuetería frente a la brutal y asesina dictadura cubana. No, esta gente piensa que al gobierno Venezolano se le fue la mano jugando con candela. Lo que estaría viendo Estados Unidos con respecto a la situación venezolana es que este pedazo de tierra, ubicado en la parte más septentrional de Suramérica, se haya declarado disponible para la promoción y realización de los intereses rusos, chinos, iraníes, bielorrusos y de otros panas de la re-involución venezolana. Y cuando revisamos la situación, encontramos que hay elementos que le dan peso a esa interpretación. Uno es que después de tanta fanfarronería, el gobierno venezolano se ha vuelto una gigantesca carantoña rogándole a Obama por una palomita. Donde sea, cuando sea. Otro, la suspensión de la visita del canciller de Corea del Norte, programada para esta semana y suspendida intempestivamente por unos supuestos desajustes en la agenda de su par venezolana. Al parecer, como que no quieren quemarse, aunque les gusta jugar con candela. Viendo esto, la tentación de darles la razón a quienes así piensan es enorme. Sin embargo, sostengo mi posición y le ruego al Altísimo que esos analistas estén equivocados.

El miedo puede generar riesgos, pero es esencialmente un mecanismo de preservación. Yo quisiera tener razón y me planto en mi idea de que aquí no va a haber guerra alguna, ni invasión ni ninguna otra forma de intervención. Sin embargo, cuando constatamos que la realidad mundial comienza a dar muestras de que los terribles desafíos de hoy pueden derivar en alianzas en otros tiempos inconcebibles, como la disposición que han mostrado Irán e Israel a enfrentar, ligaditos si es necesario, la amenaza que constituye el califato islámico, solo nos queda la oración para rogar porque no estemos equivocados nosotros, sino quienes piensan distinto.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.