• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

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Misión cobardía

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La cobardía ha sido el signo de la camarilla que ostenta el poder. Y no es un signo que haya tenido que descifrarse luego de sesudos análisis y trasnochos en trance reflexivo. Es un signo que los marca desde que fueron identificados como grupo, luego de la rendición plañidera del Museo Histórico Militar, ante la derrota que, con la colaboración de la propia y exclusiva ineptitud que les caracteriza a estos golpistas, les propinó Carlos Andrés Pérez. Es la artera cobardía del felón, que traiciona lo que le es confiado con el único propósito de obtener lo que quiere, a costa de lo que sea.

Esa misma cobardía, responsable de mantener en estado catatónico a lo que queda del Estado frente a un país arruinado, es quizás el indicador conductual más importante, a partir de comportamiento observado en estos años, para predecir lo que será el modo de proceder del régimen frente a lo que viene.

La cobardía es la marca de los estafadores. Las maquinaciones y el engaño que las mismas producen, son su protección frente a la respuesta que obtendrían de la víctima, si ésta se percatara de que va a ser estafada. De allí que la mentira sea el escudo del cobarde.

La gran estafa de que ha sido víctima el pueblo venezolano está llegando a su fin. La salida de los estafadores, cuando esto ocurre, es correr. Solo que en este caso, los estafadores de la nación no tienen para donde correr, porque hasta para irse a Cuba necesitan visa. De allí que no les quede otra salida que desplegar la misión cobardía.

Todo cobarde es mentiroso. Y sus mentiras están de modo permanente en el caudal de las excusas que siempre tienen a mano para deslastrarse de su responsabilidad. La culpa de lo que sucede es siempre de otro. De allí que la cobardía que los ha poseído va a determinar que la contienda electoral se centrará para ellos en profundizar los esfuerzos para disipar la realidad que nos arrolla.

En eso consiste la misión cobardía. La muestra más reciente de no dejar resquicio para que la verdad resplandezca, es la lista de bates quebrados que acaba de postular el continuismo a las parlamentarias. Se podría objetar esa observación respondiendo que es que no tienen más gente, pero la verdadera razón es que postular otras caras distintas a esos símbolos del desastre que son los reciclados de siempre, sería admitir de entrada la necesidad de un cambio. De cualquier manera, el reciclaje nos favorece, porque el electorado verá en sus caracas los rostros de la crisis, la destrucción del aparato productivo, la inflación, el desabastecimiento y la delincuencia.

Las inhabilitaciones de candidatos de la oposición son otra cara de la misión cobardía. Es el caso del contendiente que pasa la noche previa a un juego ligando el forfait del equipo contrario, porque está consciente de que no tiene con qué enfrentarlo, más allá del árbitro enchufado que está en su propia alineación.

Impedir la observación electoral es otra trampa que tiene como fin sustentar las mentiras y es una treta más de la misión cobardía. Por más que traten de explicarlo, las razones se tornan escurridizas. Aducen soberanía, cuando son el gobierno más entreguista que ha vivido esta tierra. Pretenden ser más soberanos que nadie, solo para terminar de entregarle el petróleo a Cuba, a los chinos y el Esequibo a Guyana.

De aquí en adelante, hasta el 6 de diciembre, el gobierno se va a convertir en una máquina multiplicadora de mentiras. Repetirán hasta el hastío lo de la guerra económica, desgastado expediente que comienza a convertirse en la chispa que enciende la rabia de los ciudadanos que hacen colas tratando de conseguir alimentos y medicamentos infructuosamente. A estas alturas, el cuento de la guerra económica es un ardid tan conocido por sus víctimas, que solo quedará para encandilar a algunos incautos, como en el caso de las famosas pirámides del dinero y otras artimañas cazabobos.

El combustible de la misión cobardía es la propia obra del régimen, que es la destrucción del país. Que se perciba en su plenitud por toda la población es que más temen, pero no hay duda de que se quedaron sin tiempo para lograrlo. Los números que empiezan a registrar las encuestas en estados tradicionalmente fieles al régimen, como es el caso de Delta Amacuro, donde hoy no son mayoría, revelan que tienen toda la razón de estar asustados.

No por capricho hablo de una misión cobardía. Esa misión es tal, porque comparte un rasgo con el resto de las misiones que han sido propagandeadas por este gobierno. Son el paradigma de la acción ineficiente. Y la misión cobardía lo es más todavía, porque todas las maquinaciones con las que se desenvuelve están generando mayor rechazo hacia la peste que se ha instalado en Venezuela.

No hay que dudarlo: el rechazo que crece día a día con respecto a la destrucción del país se va a traducir en votos. Y como es inmensa la destrucción, inmensa será la votación con la que el pueblo de Venezuela va a retomar las riendas de su destino, restableciendo la vigencia del Estado de Derecho para forzar al gobierno a que haga lo que, por cobardía, se ha negado a hacer: gobernar.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.

@Francisco_Paz_Y