• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

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Hugo Chávez: ¿responsable?

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Aunque hablar del paquete neoliberal de medidas que ha anunciado el gobierno es tentador, sobre todo por la similitud de las fechas entre este anuncio y el de las medidas tomadas por Carlos Andrés Pérez en 1989, me preocupa más bien enfrentar la falacia que se argumenta contra la amnistía de los presos políticos. No obstante, dejando claro que ese será el tema, debo decir que me parece que la situación endémica de ruina económica en que se encuentran todos los sectores de la vida nacional, como consecuencia de un gobierno manirroto e irresponsable, hace pensar que, de entrada, esas medidas son incompletas. No creo que a las madres y padres de familia venezolanos les haya gustado mucho oír que les van a meter la mano en el bolsillo con el aumento de la gasolina, mientras siguen despachándole a Cuba 100.000 barriles de petróleo diarios.

Y no es que hoy me dedique a contradecir lo que se argumenta contra la amnistía porque crea que se deba diferir todo otro tema, priorizando la atención a ese horror que constituye la existencia de presos políticos, por encima de la gravísima situación socioeconómica que estamos enfrentando hoy los venezolanos, sin duda la más grave crisis de nuestra historia. Considero, no obstante, que no puedo extenderles más la prórroga que les he venido otorgando para que se retracten de la atrocidad de decir que el único individuo que ha asumido la responsabilidad de sus actos es Hugo Chávez, basándose en su declaración del 4 de febrero de 1992.

El argumento, que usan como latiguillo de la forma más desvergonzada, va más o menos como sigue: Chávez merecía el perdón que instrumentó el presidente Caldera, porque confesó su responsabilidad en la frustrada intentona de golpe; mientras, los presos políticos de hoy no reconocen su responsabilidad. Chávez es un héroe porque confesó su crimen. De allí derivan que era un elemento responsable, cuando no hay duda de que en Venezuela Chávez es el antónimo por antonomasia del vocablo responsable.

Más allá del tema de las muertes que quedaron impunes en las intentonas de esos días, que es un tema que merecería la especial atención de varios artículos, responder a semejante disparate obliga a situarnos en el contexto de ese día específico. Cuando el presidente Pérez derrota la acción golpista, Hugo Chávez se entrega en su escondite del Museo Histórico Militar de la planicie, desde donde, dicen, comandaba la acción sobre Miraflores. Si comandar es enviar a los seguidores, entre quienes se contaban muchos imberbes engañados, a matar y a morir, como él lo hizo ese día, entonces convengamos en que comandaba.

Es en ese preciso lugar en que es detenido, en una flagrancia que evidenciaría su llamado al resto de los golpistas a deponer las armas en otras regiones del país. Confiesa, entonces, que participa en el golpe, que sabe que se están desarrollando acciones en otras ciudades y que está derrotado. Eso que los seguidores de Chávez califican como un gran acto de responsabilidad, a mí se me parece más a la situación del malandro asesino al que cogen con el botín y las manos ensangrentadas. ¿Qué otra cosa podía decir Chávez? Piénsese en la imagen, con el individuo declarando algo así: “No sé que está pasando. Yo estaba durmiendo y el presidente Pérez me mandó a despertar para que viniera aquí y dijera que yo comandaba este golpe. Este es un montaje de la CIA”. Solo mentes ocupadas por la perversión de creer que los venezolanos somos un atajo de imbéciles, como las de quienes ostentan el poder, pueden creer que el felón que empuñó las armas que le fueron confiadas contra la Constitución y que fue cogido con las manos en la masa podía declarar algo distinto.

Lo más grotesco de todo es que pretendan que los presos políticos no merecen recibir la amnistía, porque no emularon a Chávez. Quieren ver a Leopoldo López admitiendo que el asesinó a quienes lamentablemente perdieron sus vidas el 12 de febrero. Quieren que Antonio Ledezma confiese que estaba fraguando un golpe para derrocar al gobierno. Quieren vengar el fracaso de Chávez el 4 de febrero, quien se dejó coger con las manos en la masa y no tenía más camino que confesar, pero la clarísima diferencia está en que contra López y Ledezma, quienes ni fueron detenidos en flagrante delito, ni confesaron como el muerto, no tienen prueba alguna, porque encima de cualquier otra consideración, son inocentes. Que le pregunten a Franklin Nieves, si quieren.

Contra toda esa ignominia, contra toda la infamia y contra la ruina moral en que se encuentra el Estado, la amnistía de los presos políticos debe ser decretada por la Asamblea Nacional, para responder a una sociedad que ha dejado claro que quiere sacudirse el odio que dolosamente han sembrado entre los venezolanos durante los diecisiete años de la tragedia que vivimos.

Por cierto y a propósito del paquete de medidas, cabe recordar que entre muchas otras razones hay quienes suelen justificar la derrotada intentona de Chávez en las medidas económicas aplicadas por el gobierno de Carlos Andrés Pérez, de las que las anunciadas antes de ayer por Maduro, en tono melancólico, solo parecen un remedo de pésima calidad. Ojalá que no salga otro uniformado iluminado inspirándose en ese nefasto precedente que es Hugo Chávez, a querer salvarnos de las medidas fondomonetaristas que acaban de ser anunciadas. Vade retro Satanás.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.