• Caracas (Venezuela)

Francisco Paz

Al instante

¿¡Boves vive!?

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La historia vuelve a repetirse, reza un conocido axioma bolerístico. El chavismo no es más que la peor expresión de muchas cosas que ya hemos vivido y que podrían, para aquellos que gustan de ponerle nombre a las cosas, ser llamadas juntas: “populismo rentista autoritario”. No lo inventaron ellos, porque –obviando las mentiras diarias y múltiples en las que intentan sustentarse– no han inventado nada. Se trata de una cosa muy vieja que tiene su fundamento en el reparto de un botín como medio de adquirir lealtades. De allí que no deba extrañar que hoy se trate de ensalzar desde la cúpula del régimen a quien es el antecedente visible más lejano de dicha lacra desde 1811 hasta hoy: José Tomás Boves.

No es la primera vez que trato de exponer lo evidente del parecido entre una cosa y la otra. Hace unos meses, escribí con respecto a eso, al hablar de la actual diáspora venezolana, lo siguiente: “Otra vez en el 14, como cuando los caraqueños, entonces aspirantes a paisanos de la época, corrieron al oriente tratando de escapar de Boves, una gruesa de venezolanos huye despavorida empujada por unas circunstancias que bien podrían resumirse como un país en liquidación. Como mi punto de vista sobre cuál de ambos éxodos deriva de una peor situación es más bien aburrido por obvio, me ahorraré ese espacio al no decirlo y les ahorraré tiempo a los osados lectores que ya empezaron a darle una mirada a esto. Lo que sí no puedo tapar es que el retroceso del país ha sido tal que la obra de Boves, prolífica en asesinatos, torturas, violaciones, saqueos y pare usted de contar, no le toma mucha ventaja a lo que vivimos los venezolanos por las acciones u omisiones de quienes vienen ostentando y usufructuando el poder desde hace poco más de quince años”. No más que decir sobre eso.

Traigo esto a colación, porque Nicolás Maduro, con motivo del conferimiento del honor del Panteón Nacional al Negro Primero, se encargó de hacer una apología del asturiano salvaje que legó la obra antes descrita. Llegó a decir que Boves despertó de nuevo el 27 de febrero de 1989, entre otras menudencias. Si alguna fecha me recuerda a Boves a mí es el 4 de febrero de 1992, por cierto. Lo que sí no dijo es que Boves fue quien tuvo a su mando a las hordas más feroces que recorrieron estas tierras, luchando en contra de los independentistas. Ese pequeño detalle da mucho para pensar.

Porque qué otra cosa se busca con semejante despropósito, sino exaltar a la nueva caterva de pranes que han hecho enseñorear la violencia en Venezuela en medio de la tragedia que vivimos, en procura de algún sustento que le permita sobrevivir la debacle que se les viene encima a partir del 6 de diciembre. Y la debacle no es otra que el restablecimiento de la vigencia de la Constitución con el fin de reinstitucionalizar el país. Porque nunca sobrará recordar: los golpistas son ellos.

Ante esto, es necesario decirle al gobierno: la Constitución no muerde. No le tengan miedo a que la gente se exprese libremente y a que su expresión tenga su reflejo en la Asamblea Nacional, para que esta pueda recuperar sus funciones básicas de legislar y controlar al Ejecutivo, negadas desde hace más de quince años. Con ello veremos si, por fin, el presidente se dedica a gobernar.

Decir que saldrán a la calle al perder las elecciones parlamentarias es miedo. Es miedo a la Constitución y nada más. Por eso apelan al fantasma de Boves, que sin duda ha sido gran inspirador de las acciones que han tomado desde que ostentan el poder, incluyendo, por supuesto, todas las que han ejercido tratando de empequeñecer la venezolanidad con esa impronta entreguista del país que tienen y tendrán marcada en la frente por siempre. Boves el bueno y Páez el malo.

Las manecillas del reloj hacen su trabajo. A la oposición le toca no caer en las provocaciones boveras. La mayoría de la gente apuesta por la democracia y están claros en que lo que han ofrecido y dado los herederos de Boves no es democracia. La democracia no es miedo.

Mientras el reloj deja sonar su implacable tic-tac, traerán a Boves al Panteón. Después de eso, que metan a cualquiera es nada. Pero lo van a hacer, buscando sacarle el jugo a cualquier vaina. El acontecer diario permitirá oír mentiras, cada una más burda que la otra, hasta que lleguemos al gran “dakazo”, con la confiscación de Polar. ¡Boves vive!

Nada de eso debe distraernos de la puerta de salida de esta tragedia. Ni siquiera los Boves que simulan ser de oposición y llaman constantemente a no votar. Son los cantos de sirena que enfrentó Ulises. Hay que taparse los oídos. Más nada, porque esos Boves son más peligrosos que los otros. Como escribí en mi anterior artículo, ya citado, en el que toqué el tema de la “Bestia a caballo”, reitero hoy: “Hay que sembrar el entusiasmo y hay que centrarse en la agenda. Tenemos que venderles la idea, desde ya, sobre todo a quienes huyen despavoridos ante el aparente avance indetenible de un Boves reencarnado”. La agenda es la electoral y las elecciones serán el 6 de diciembre. Fue un 5 de diciembre que Pedro Zaraza dejó tendido de un lanzazo al Taita de la Legión Infernal, en Urica. ¿Casualidad? Yo creo, como dice el bolero, que la historia vuelve a repetirse.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.

 

@Francisco_Paz_Y