• Caracas (Venezuela)

Francisco Layrisse

Al instante

La oposición externa

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Lo normal en todo país democrático es que existan sectores que apoyan al gobierno, sectores que difieren regularmente de él, sectores que mantienen cierta o marcada indiferencia con lo que ocurre. Es igualmente usual encontrar en los sectores oficialistas, grupos de ciega solidaridad e igualmente grupos muy racionales en la solidaridad con las acciones de gobierno. De igual manera, es poco usual encontrar una oposición con unidad y con un mínimo accionar opositor.

Ambos sectores, oficialistas y opositores, se presentan con diferencias porcentuales pequeñas entre ellos. Las mismas van desde porcentaje casi 1% hasta diferencia de 25%. El grupo ganador puede eventualmente disfrutar de una holgada mayoría que le permita realizar cambios estructurales profundos, hasta mayorías tan reducidas que obligan a las partes a largas y complicadas negociaciones para poder llevar a cabo un determinado programa de gobierno.

En nuestro país los triunfos de Chávez fueron por holgadas mayorías posibilitando de esa manera profundos cambios. La esencia de la democracia implica el gobierno de las mayorías, respetando las minorías. Por el contrario, la esencia de las dictaduras implica el gobierno de las minorías gobernando en abierto desconocimiento y en contra del deseo de las mayorías.

Estas neotiranías se hacen posibles cuando la separación de poderes se hace inexistente y el árbitro constitucional supremo deja de serlo para mimetizarse con el Poder Ejecutivo. Esto se agrava aún más cuando la conciencia democrática, el ángel de la guarda de la misma, el árbitro de sombra, la institución militar nacional olvida su rol y hace suyo el proceder del mandante de turno.

La numerosa y mayoritaria oposición se convierte por vía de lo antes dicho en una oposición a ratos silenciosa, a ratos estruendosa, pero sin capacidad de producir un cambio significativo en el destino del país. Nuestra Asamblea opositora y su mandante, la MUD, han decidido el accionar institucional, pacífico y electoral. Los tiempos que se han otorgado, para las distintas acciones, léase Ley de Amnistía, reconsideración de la elección de los magistrados decembrinos, interpelaciones, etc., ponen a prueba al mismo Job.

Se ha evitado y demorado la confrontación abierta con el Ejecutivo, se han tolerado los incumplimientos de los distintos funcionarios invitados a rendir explicaciones de su gestión, se ha demorado la aplicación de las sanciones que la Constitución les permite aplicar. Han evitado alertar a los posibles firmantes de acuerdos y resoluciones de los funcionarios sancionados por la Asamblea de la precariedad jurídica de tales acuerdos y la probable consideración futura de contratos írritos.

Los gobiernos de los distintos países del mundo inspiran y levantan apoyos y rechazos tanto de gobiernos como de diversos entes paraestatales y entes privados. Son estos quienes en los actuales momentos realizan la mayor oposición al gobierno venezolano. Son la mayoría de los entes financieros privados internacionales que no desean tener relaciones con el gobierno venezolano, son ellos quienes no aceptan las condiciones que el Estado venezolano les ofrece. Son los industriales privados foráneos quienes ejercen un veto a la inversión en Venezuela, las condiciones, la seriedad que presenta el gobierno venezolano no les produce la confianza requerida para estar en Venezuela.

Estos son realmente la oposición más dura y real que enfrenta el gobierno. Contra ellos no vale el chantaje que le aplican a los privados nacionales. Contra ellos no aplican nuevas confiscaciones adicionales a las que ya les hicieron.