• Caracas (Venezuela)

Francisco Layrisse

Al instante

El inevitable desierto

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A lo largo de los últimos cuarenta años hemos podido asistir a la evolución de los distintos modelos políticos y económicos. Los regímenes puramente militaristas han venido siendo desplazados en todo el mundo. De igual manera ha ocurrido con el modelo capitalista, el mismo igualmente ha cambiado y es hoy día, en la mayoría de los países donde existe, bastante menos capitalista de lo que fue en sus orígenes. Un tanto similar ha ocurrido con los distintos modelos socialistas, los mismos son menos socialistas, menos autócratas, más democráticos y más capitalistas. Los modelos existentes están centrados en el respeto a los derechos humanos, en el mejoramiento de la calidad de vida presente y futura de sus respectivas sociedades.

Sin embargo, en forma muy excepcional, sobreviven modelos político-económicos extremadamente anacrónicos que han sumido a sus gobernados en el mayor de los atrasos posibles, es el caso cubano, el de Corea del Norte. Es lamentablemente el caso venezolano, el cual acumula más de quince años de la pesadilla que vivimos los venezolanos, sumidos en el mayor anacronismo político, que ha producido una de los mayores retrasos históricos que haya conocido la humanidad. El anacronismo del modelo socialista imperante en Venezuela ha sido posible gracias a un amplio sector político opositor, atomizado, desunido. Al apoyo al actual gobierno de importantes sectores de las fuerzas armadas, quienes han medrado descaradamente del erario público.

La situación venezolana se hace cada día más difícil, más precaria, más insostenible. La escasez se apoderó del país, al igual que lo hizo la inseguridad. El venezolano vive el peor de los mundos, la inflación desbordada, el empobrecimiento de todas sus capas sociales, la pérdida del futuro y de la esperanza de un mundo mejor.

La oposición pareciera cerrar filas, se muestra fuerte, segura de sí misma. La innegable guía de la Iglesia católica se hace más nítida, más coherente y sobre todo mucho más decidida. Los principales voceros de la Iglesia piden un cambio de gobierno ya, un cambio del modelo político, y denuncian el actual modelo como un modelo comunista del cual es imperioso salir cuanto antes. La salida electoral de la Asamblea Nacional es importante, pero, tal como lo recoge Luis Miquilena en su reciente  declaración a la prensa, el país no puede esperar tanto. El cambio ha de producirse de inmediato.

El común denominador es la salida de manera constitucional evitando un golpe de Estado por grupos militares quienes indefectiblemente nos llevarían a la situación chilena de Pinochet con todo lo que ello implicaría. No es posible alejar la salida tipo Chile si no es por el acuerdo entre las mayorías políticas en nuestro país. La negociación es inevitable, so pena de un cruento golpe militar. De otra manera continuaremos por este despeñadero profundizando una crisis y llevando el país a una situación similar a Somalia donde la anarquía, la destrucción de todos nos hundirá aún más.

Un cambio pronto de gobierno no significará el fin de la escasez, de la inseguridad, del decrecimiento pero indudablemente nos trae el salir mejor del desierto donde nuestro país se debilita cada día más. No hay otra manera de salir del desierto que empezar a caminarlo teniendo un norte claro, aunando esfuerzos y voluntades.

Nos esperan días difíciles pero estos serán menos en tanto en cuanto empecemos pronto a recorrerlos. La inversión, el empleo, la abundancia, la seguridad toman tiempo en construirse. Nuestro país se debilita, cual enfermo terminal, en base diaria, cada día es peor que el anterior. Las posibilidades de salidas negociadas se van alejando en el tiempo y la única manera de impedir una negociación beneficiosa para las grandes mayorías o una cruenta y oscura salida militar se dificulta cada día más.