• Caracas (Venezuela)

Francisco Layrisse

Al instante

Incertidumbre petrolera

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La vertiginosa caída de los precios del petróleo en el mercado internacional ha sumido al sector energético mundial en una de las más difíciles coyunturas vividas en su historia y con toda seguridad en la más difícil desde el embargo árabe en agosto del año 1973. Los pronósticos pesimistas sobre el futuro del petróleo dentro del sector energético inundan las publicaciones sobre el mismo. No solo los medios de comunicación convencionales se han hecho eco de esa situación, también algunas publicaciones especializadas y algunos articulistas comulgan es esos dramático presagios. Como es de esperar existen igualmente voces que proyectan futuros distintos a los que mayoritariamente recogen los medios de comunicación convencionales.

Esta crítica situación se produce por una parte debido a una desaceleración en el consumo de combustibles fósiles, explicable en un primer término por los avances tecnológicos alcanzados por los grandes consumidores de estos combustibles, muy en particular por el sector transporte que exhibe un parque de equipos más eficiente en cuanto a consumo energético, y en segundo término por la desaceleración económica de algunos países, grandes consumidores, tales como China y algunos miembros de la OECD. Por otra parte la lucha por incrementar la participación en el mercado energético de Rusia y Arabia Saudita. La batalla por el control del mercado petrolero asiático, conformado por India, China y Japón, aunado a la del mercado europeo ha provocado un excedente de petróleo de algo más de dos millones barriles diarios, a los cuales se sumarán una producción adicional de los iraníes de 500.000 barriles diarios.

Los sauditas han anunciado cancelación de varios proyectos y es suponer su techo producción de 11 millones de barriles diarios tiende a disminuir con el transcurrir del tiempo. Los rusos por el contrario anuncian planes, de dudosa veracidad, de subir su producción hasta 14 millones de barriles diarios. Mientras esta guerra ruso-saudita, responsables de 25% de la producción mundial, se mantiene, el sector petrolero mundial sufre las consecuencias de la misma. Las empresas petroleras, tantos estatales como privadas, han acumulado durante este largo ciclo de más 12 años ineficiencias, exceso de personal, crecimientos altamente apalancados que hoy inciden muy negativamente en la viabilidad económica de las mismas. No solo es el sector petrolero el que experimenta esta crisis, lo es también el sector conexo conformado por innumerables empresas de servicios que acompañaron el ciclo de alta, quienes hoy ven severamente comprometida su viabilidad en el futuro cercano.

El sector financiero, músculo indispensable en el crecimiento petrolero, ha tomado y se apresta a tomar importantes provisiones en sus resultados financieros, y lo que es más grave aún, su decisión de restringir el auxilio financiero para tanto el sector petrolero como el sector conexo. Las empresas que participan en el mercado de energía no convencional igualmente enfrentan un incierto futuro pues sus productos no pueden competir en un mercado energético donde el principal jugador, el  petróleo, se cotiza a tan bajo precio.

Lo vertiginoso de la caída ha impedido a muchas empresas disponer del tiempo mínimo para balancear sus cuentas, son muchas ya las que enfrentan la cesación de pagos que usualmente precede a la quiebra de las mismas. El sector energético, mimado por las principales bolsas de valores en el mundo, se convierte en 2016 en el generador de las mayores pérdidas bursátiles, financieras, al igual que lo fue, en el pasado reciente, el sector inmobiliario y de bienes raíces.

El sector petrolero sufrirá severos ajustes, desaparición de empresas, compras y fusiones de las sobrevivientes, cancelaciones masivas de proyectos, particularmente de exploración y perforación. Las explotaciones sobrevivientes serán aquellas que arrojen los menores costos de producción.

Así como ha sido de vertiginosa la caída de los precios, será igualmente la subida de los mismos. La declinación natural de los yacimientos en explotación aunada al crecimiento mundial en el consumo equilibrará nuevamente la oferta y demanda de crudos. Los precios subirán aceleradamente ante un mundo con muy poca capacidad de repuesta como consecuencia de una profunda desinversión en el pasado reciente. Los jugadores posiblemente sean distintos, pero el fin del petróleo está todavía muy pero muy lejos. Los hidrocarburos líquidos y gaseosos jugarán un papel estelar en el sector energético, por al menos 20 años más.

La incertidumbre se presenta en cómo se sustituirán los hidrocarburos y en cuánto tiempo, los grandes dueños de reservas habrán de jugar mejor sus cartas y hacer de un posible prometedor lejano futuro un exitoso presente para un futuro mejor para sus pueblos.