• Caracas (Venezuela)

Francisco Layrisse

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Francisco Layrisse

Guerra económica

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El gobierno nacional ha anunciado que la guerra económica terminará el venidero 2015, dando por descartado el triunfo de las fuerzas leales de la revolución. Sobre esto es menester realizar varias precisiones, no hay tal guerra entre sectores empresariales y el gobierno revolucionario. La capacidad de los sectores empresariales es absolutamente inexistente ante el control total que ejerce el proyecto revolucionario sobre todas instituciones públicas, léase Poder Moral, Poder Legislativo, Poder Ejecutivo, Poder Electoral, colectivos armados y cualquier cosa que en Venezuela pueda significar algún poder. Los saboteos aducidos por el gobierno son más bien expresiones de las contradicciones del modelo político que intentan implantar o simplemente ineficacia e ineficiencia de los responsables de la instrumentación de las decisiones gubernamentales. La guerra realmente ocurre al interior del proyecto chavista, pues ya son muchos entre ellos, los que se percatan de los errores del anacrónico modelo político que han intentado imponer en nuestro país y el cual ha provocado, en todos los países que lo han intentado, devastadoras consecuencias  sociales y económicas.

Nuestro país afrontará en los próximos años las consecuencias de una guerra en la cual ni fue invitado ni fue consultado. Al igual que sufrimos las consecuencias de la Primera y Segunda Guerra mundiales el pasado siglo; eventos en los que Venezuela nunca tuvo arte ni parte, en esta oportunidad, y estando peor preparados que nunca antes, sufriremos las consecuencias de la guerra de los precios del petróleo. Nuestro país, como consecuencia del estado de su industria petrolera, perdió la capacidad de influir en la determinación de políticas de precios, de producción en el mundo petrolero internacional. El cartel OPEP logró por un buen número de años precios del petróleo en el mundo internacional artificialmente altos, todo ello a costa de una pérdida sostenida de participación de mercado. Los altos precios del petróleo se han convertido en el estímulo más poderoso en el ahorro energético en aquellos países donde no se aplican subsidios ni políticas de precios de combustibles que distorsionan severamente las economías de los países en los cuales se practican. Las distorsiones en los precios de los combustibles en los países miembros de la OPEP es un claro ejemplo de tales desaciertos energéticos.

Los altos precios de los combustibles convencionales se convirtieron en un fuerte incentivo para la generación de fuentes alternas de energía, tales como los combustibles no convencionales provenientes de caña de azúcar, almidón de maíz, celdas solares, generadores eólicos, solo para mencionar los más importantes.

De igual manera, la repuesta en la explotación de hidrocarburos no convencionales, tales como los crudos pesados de la faja del Orinoco, o las arena bituminosas en el Canadá o las explotaciones no convencionales como las de costa afuera en el África Occidental, el presal brasileño, la fractura hidráulica lutitas para la producción de gas y crudo contenido en ellas, métodos más sofisticados para incrementar los factores de recuperación de yacimientos existentes  y prácticamente abandonados, solo para ilustrar los de mayor impacto.

Todo lo anterior ha provocado una revolución en una industria como la energética que era considerada por muchos como industrias del ocaso frente a la fascinante industria de la informática, las comunicaciones, las puntocom. El mundo energético se mueve nuevamente en forma acelerada e incorpora los avances en otras áreas tales como la informática y las comunicaciones para acelerar aún más este desarrollo.

Los árabes han concientizado esa situación, lejos de la revolución venezolana que se adentra ya no en el siglo XX sino que entra en el siglo XIX, se aprestan a recuperar posiciones perdidas y desestimular desarrollos energéticos distintos. Los primeros afectados por esta guerra de la energía son aquellos quienes hayan hecho caso omiso de la advertencia del ahorro para los tiempos difíciles, en segundo término ordena los distintos mecanismos de producción de energía. El carbón limpio se hace más costoso en su competencia con el gas; las explotaciones del presal brasileño y el Ártico ruso pierden competitividad, las explotaciones costa afuera se revisan con lupa frente a otras opciones.

La industria energética en su conjunto enfrenta retos ambientales gigantescos; la fractura hidráulica de lutitas enfrenta opositores importantes; la disposición de celdas solares, baterías de igual manera; el uso de tierras fértiles para producir combustibles y no comida, ni hablar; la contaminación de mares por derrames de crudo imponen costos para evitarla o mitigarlas que las hace costosísimas. El mundo se mueve, los intereses económicos mediatizan las actuaciones de los ecologistas, de los habitantes del planeta. El juego es complejo, sutil, cruel pero no por ello se detiene.

Entre tanto, nos preguntamos, y Venezuela, que dirán nuestros dirigentes, nuestro gobierno, la oposición, los partidos políticos, etc. Se habrán enterado de que nos borraron, continuarán las discusiones sobre la política y la antipolítica, continuará la lucha por alcanzar o mantener el poder de algo que ya no existe.