• Caracas (Venezuela)

Francisco Layrisse

Al instante

Eutanasia política

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La increíble situación que vive nuestro país, impensable e inimaginable para propios y extraños, tan solo pocos años atrás, nos habla de la agonía de un gobierno, más que eso de un régimen, de un modelo político que ha sembrado la mayor destrucción en la historia venezolana. La historia nos abunda de países sometidos a una terrible inflación, de igual manera a las secuelas de las guerras fratricidas, a genocidios espeluznantes, a las hambrunas, a la destrucción física de las infraestructuras, a la inseguridad y persecuciones, en fin a la presencia de cuantos males pudieran infringir a países y sus ciudadanos.

En casi todo ellos es posible identificar un elemento o quizás más de uno de ellos, pero lo singular, lo increíble en el caso Venezuela es la simultaneidad de todos ellos en forma masiva y abrumadora. La destrucción de la seguridad social, del empleo, del sistema de salud, del sistema educativo, de la institucionalidad, de las fuerzas armadas, del aparato industrial, de los servicios públicos de electricidad, telefonía, agua, de la industria petrolera hacen del caso venezolano de los más difíciles de explicar para los estudiosos de estos temas.

No es posible de igual manera poder pronosticar, estimar, augurar, pensar, visualizar un mejor futuro Venezuela con el actual modelo, régimen, gobierno. No es posible apelar, como lo han hecho todos los países del mundo, a la industria de la construcción para la generación de empleo y bienestar, cuando no existen los insumos mínimos para hacerlo. No es posible recurrir a la otrora poderosa industria petrolera, generadora en el pasado de la mayor parte de la divisas y de la única fuente en el presente, cuando se la ha sometido a la mayor destrucción posible y su producción continúa su declive. No es posible satisfacer las necesidades alimentarias básicas de la población cuando se ha destruido el sector responsable de producir alimentos.

El modelo político, régimen, gobierno chavista representa la mayor pérdida de oportunidades en la historia venezolana. Nunca antes tuvo gobierno alguno los recursos económicos, políticos, internacionales que ha dispuesto ese modelo. No existe precedente mundial de la mayor dilapidación de recursos, de gente, como la que ha producido el chavismo.

Imaginarse el margen de maniobra, de conciliación, de apoyo al diálogo que tan solo en enero del presente año tenía el gobierno venezolano y que lo haya botado como efectivamente lo ha hecho. Pensar en los escenarios de diálogo y de conciliación que pudo desplegar Maduro tan solo hace seis meses y que los ignoró, los despreció, para pretender ahora, agotada toda su credibilidad nacional e internacional, conminar a un diálogo forzado y obligante a quienes continúa insultando.

El gobierno venezolano prefiere el escenario del golpe militar al revocatorio popular. Ni siquiera el diferimiento histórico al juicio político que representaría la renuncia presidencial tiene espacio posible en la mente de los jerarcas chavistas. Solo es posible encontrar coherencia, consistencia en el quehacer presidencial en la dilapidación de la pérdida de oportunidades. Es eso y solo eso lo que se encuentra a largo del proceso chavista.

La oportunidad del diálogo, exigida por una mayoría nunca antes vista, se aleja aceleradamente ante las acciones del gobierno venezolano. El régimen camina inexorablemente a la explosión social. Es tal el estado de cosas que a mi entender ni siquiera el revocatorio acordado sería capaz de parar la misma.       

Es aquí cuando uno se pregunta si la eutanasia política tendría cabida o seguirán destruyendo todo lo quede alrededor.