• Caracas (Venezuela)

Francisco Layrisse

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Estatismo venezolano

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A lo largo de los últimos 75 años los venezolanos a los ojos del mundo externo somos percibidos como un pueblo profundamente creyente en la participación y control estatal de prácticamente todas las actividades, excepción hecha quizás de las actividades religiosas. Uno se pregunta si el estatismo forma parte del ADN del venezolano, dado que desde el final de la dictadura gomecista hasta nuestros días la constante en todos los gobiernos venezolanos, y por ende de las mayorías que los eligieron, ha sido una presencia avasallante del Estado en la actividad económica, educativa, etc. En algunos de estos gobiernos las dificultades económicas del momento les impidieron avanzar más fuertemente en ese sentido y se vieron obligados a mantener bajo el control del Estado no más de lo que habían recibido de sus antecesores.

Quizás la excepción a este señalamiento lo constituya el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, al final de su gobierno el mismo en términos económicos relativos era más pequeño que el que recibió de su antecesor, no obstante lo anterior su primer gobierno fue el gobierno que cumplió el mayor programa de estatización en la historia venezolana.

El gobierno de Pérez Jiménez hizo suyo el desarrollo siderúrgico venezolano y convirtió el programa siderúrgico de Guayana de privado a estatal. Ese gobierno y todos los que lo sucedieron restringieron y acotaron el crecimiento del sector eléctrico privado hasta convertirlo todo en un programa estatal. Los gobiernos venezolanos desde 1958 a la fecha convirtieron el programa de industrias básicas en Guayana de un programa marcadamente privado en un programa estatal.

En síntesis, todos los gobiernos venezolanos desde los años cuarenta a la fecha han sido profundamente interventores de las actividades económicas, han limitado, obstaculizado el desarrollo de un sector privado económico fuerte y con capacidad de contrapeso al estatismo de turno.

Esto ha sido posible no solamente por el contenido ideológico o por el ADN estatista del venezolano, sino por el desbalance entre un país pobre o más bien un pueblo pobre ante un Estado profundamente rico con la capacidad de imponer su voluntad política y económica a cualquier adversario.

La exacerbación del modelo económico estatista llegó a su clímax con el advenimiento del chavismo. El efecto combinado de un modelo económico de probado y reiterado fracaso en todas partes del mundo donde se ha tratado de imponer, aunado a una inconmensurable ineptitud, una insaciable corrupción ha terminado por destruir las bases mínimas de la economía venezolana. El otrora gigante energético mundial, Venezuela, poseedor de uno de los recursos hidroeléctricos más importantes del mundo, del país con las mayores reservas mundiales petróleo ha sido convertido en uno de los más paupérrimos energéticamente hablando. Uno de los países más ricos del mundo en reservas de agua dulce, convertido en sediento desierto.

No es posible salir de la postración y destrucción a la que ha sido sometido nuestro país por el dominante modelo chavista recurriendo al supuestamente rico Estado venezolano. No hay salida para nuestro país sin el auxilio y compromiso de un sector privado dispuesto a acompañar a un nuevo gobierno en esa titánica tarea. No en balde se decía que Chávez sería el mayor privatizador que país alguno hubiese conocido.

Posiblemente un enfoque más cónsono con los esquemas venezolanos sería la promoción de asociaciones de entes del Estado con el sector privado para de esa manera acelerar la resolución del tema eléctrico y lograr los aumentos necesarios en la producción de petróleo y gas. Hay cada vez bastantes experiencias exitosas a nivel mundial y en particular a nivel latinoamericano que permitirían éxitos tempranos. La solución al problema energético y petrolero dejado solo al Estado augura un sombrío futuro para el país, pues no es posible acometer la inmensa cantidad de tareas necesarias para retomar una senda de crecimiento y prosperidad para los venezolanos y al mismo tiempo cumplir las tareas reservadas solo al Estado como lo son la seguridad ciudadana, el control fronterizo, la lucha contra el narcotráfico, la defensa de la soberanía territorial, etc. Será necesario innovar mecanismos de colaboración entre el sector privado y el sector gubernamental para así poder elevar la calidad de vida de nuestro pueblo.