• Caracas (Venezuela)

Francisco Layrisse

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Francisco Layrisse

Cambiar el Himno Nacional

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La sensación y percepción de que esto no da para más es creciente en nuestro país. En opinión de algunos, el desenlace pareciera acercarse rápidamente; en opinión de otros, tomará más tiempo, pero son pocos, muy pocos quienes piensan que el actual gobierno venezolano logrará cumplir su periodo constitucional. Unos predicen y desean un cambio ajustado a la Constitución vigente, les aterroriza una salida militar con un quiebre constitucional, desean una cambio pacífico, incruento. Otros ven inevitablemente un cambio traumático más o menos doloroso. En este último grupo empiezan a surgir quienes alegan que esta salida es constitucional, pues se trata nada menos que de restablecer el celoso cumplimiento constitucional ya reiteradamente violado por el actual gobierno.

Empiezan a mencionar la hipótesis de un gobierno de transición impuesto por el mismo chavismo, quienes adelantarían un proceso de elecciones con relativa prontitud. Son muchas las condiciones necesarias para el logro de una salida incruenta, pero todas ellas pasan por una participación decidida y decisoria de partes importantes dentro del chavismo. De otra manera nos acercamos cada vez más a una situación fuera de control tanto del chavismo como de quienes se oponen a ellos.

La falta de visión, propósito y estrategias compartidas en los sectores opositores los saca del juego. El deterioro económico corroe inevitablemente las base chavistas, la inseguridad hace de las suyas y agrava aún más esta situación. El fantasma del desempleo se hace presente con fuerza. La falta de inversión y de divisas destruye progresivamente las fuentes de trabajo en nuestro país y muy pocos sectores presentan la fortaleza necesaria para sobrevivir este cruce del desierto.

La división es la característica común a prácticamente todos los sectores de nuestra sociedad. Con una muy pequeña minoría, debidamente entrenada y equipada, con capacidad de reprimir sin miramiento alguno, con lealtades sentidas y compradas generosamente es posible sostener, y por mucho tiempo, un régimen el cual las grandes mayorías anarquizadas, desunidas no apoyen el mismo.

La capacidad de control ejercida por el aparato de inteligencia política del gobierno aunado al control de todos los poderes públicos hace muy cuesta arriba acciones exitosas emprendidas por sectores opositores, independientemente de la pertinencia de sus planteamientos y de sus propuestas.

Aun con una acción de amplia mayoría opositora las probabilidades de éxito siguen siendo muy bajas ante la solidez mostrada por el gobierno y su implacable accionar político represivo. La percepción de una falta de causa común entre los sectores políticos, económicos y sociales convierte dicha unidad en un estropajo. Los sectores empresariales no soportan el acoso o la dádiva gubernamental. En los momentos más álgidos de la protesta estudiantil, las mesas de diálogo entre empresarios y gobierno hicieron un silencio inexplicable ante la desmedida represión.

Los movimientos estudiantiles y la propuesta de “La Salida” igualmente mostraron poca coordinación y unidad de propósitos. Amplios sectores de la Mesa de la Unidad no se sintieron representados ni por unos ni por otros. No hay otra manera de explicar lo que pasa en nuestro país cuando la tan temida Caracas soporta apagones, falta de agua, inseguridad, escasez. Solo falta el aumento de la gasolina, el cual, al igual que todos los factores anteriores, pasará sin mayores protestas. Dejó de ser cierta la estrofa del Himno Nacional de seguid el ejemplo que Caracas dio. Podemos proceder, al igual que con el Escudo y la Bandera Nacional, a igualmente cambiar el himno patrio.