• Caracas (Venezuela)

Francisco Layrisse

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Aprender en cabeza ajena

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La explotación de los recursos, prácticamente en todos los países en vías de desarrollo, ha estado severamente afectada por el tema ideológico. La defensa de la soberanía nacional y demás argumentos que al tema le incorporan las distintas corrientes, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales ha terminado convirtiéndose en una dura camisa de fuerza de los gobiernos que, en sus intentos modernizadores, han obtenido flacos.

Los resultados de la Ronda Uno costa afuera en México así lo muestran. El Estado mexicano adelantó una reforma constitucional y levantó el veto que la Constitución mexicana, por cierto la única en el mundo, mantenía a la participación de privados de origen nacional o internacional. Mas esto no fue suficiente, pues en un mundo globalizado la explotación de hidrocarburos ha de ser competitiva en un período de tiempo razonable. Si a lo anterior se le adicionan variables de tipo social como lo representan la seguridad, la fuerza laboral disponible, la inseguridad jurídica, etc., el lograr un modelo atractivo para todas las partes se convierte en una tarea difícil de resolver. Las condiciones que en definitiva arrojó el modelo mexicano en esta oportunidad originaron resultados insatisfactorios tanto para aquellos que mostraron interés en la apertura mexicana, como para el Estado mexicano.

El país azteca necesita una profunda modernización de su sector energético que una vez más lo vigorice y lo haga cónsono con el desarrollo y modernidad que reflejan importantes sectores de la industria mexicana como lo son su poderosa industria automotriz y la siderúrgica, por citar tan solo dos de ellas. Los actores en el sector energético mexicano esperan importantes modificaciones en los términos de la apertura energética, tales que su éxito se haga una realidad que beneficie en profundidad al pueblo mexicano.

El futuro venezolano es hoy por hoy más dependiente que nunca en su historia del sector petrolero, para encontrar una salida a la profunda recesión económica en la que se encuentra el país, que dejó de ser una crisis para convertirse en un problema estructural. El modelo económico que impone el actual gobierno no permite ajustes y la única salida posible a la actual recesión es un profundo cambio en el que la iniciativa privada y la sabia y prudente regulación supervisión estatal integren las condiciones para un desarrollo económico y social sostenible para todos. La aniquilación de los sectores productivos venezolanos, consecuencia de erradas políticas económicas expresadas en confiscaciones, controles de precios, control de cambio, acoso gubernamental, permite predecir un escenario sin salida, salvo el de una industria petrolera que se convierta en vanguardia mundial de apertura y modernización. Los resultados en las primeras rondas de la apertura energética mexicana constituyen un valioso ejemplo para Venezuela.

México puede permitirse un traspié en su proyecto de apertura energética, pues ese país dispone de un poderoso sector industrial, de un poderoso sector agroindustrial que garantiza al pueblo mexicano la alimentación y salud sin necesidad de recurrir al vaivén de las importaciones. No es el caso venezolano en el que sus sectores agrícola e industrial no son actualmente capaces de satisfacer las necesidades de su población. Venezuela, a diferencia de México, se ve obligada a recurrir a las importaciones para poder satisfacer las necesidades alimentarias y de salud de su población, en el que su único generador de divisas que haga posible ese ingreso, el sector petrolero, se encuentre en el estado de postración actual, sin capacidad de repuesta, severamente politizado y endeudado. No tenemos mucho espacio para más errores.

Los cambios en el tejido legal y económico en estos años del castro-chavismo venezolano son severos. El diseñar e instrumentar una nueva plataforma legal será muy larga y laboriosa. El desierto que empezaremos a cruzar no está todavía a la vista, por lo que nos vendrán tiempos aún más difíciles antes de poder emprender ese ansiado recorrido.