• Caracas (Venezuela)

Francisco Javier Pérez

Al instante

Del devocionario caraqueño

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Del rico y fascinador devocionario poético motivado por la ciudad de Caracas, urbe cuatro veces centenaria y un poco más, nos viene, como un regalo, como un ofrecimiento nunca promovido y como un prodigio de nuestro mejor arte lírico que injustamente hemos olvidado, un poema escrito por el autor de los Poemas sonámbulos, Pablo Rojas Guardia, el bardo que amaneció, junto a los de su credo lírico, sobre la palabra angustia. El título lo anuncia y lo enuncia con el poder reverencial de los mejores signos lingüísticos: “Poeta al pie del Ávila (Oda a Caracas en una fecha de esperanza)”. Lo escribe en data histórica por una y tantas razones más: 1967 (cumpleaños 400 de la ciudad y año del fatídico y último terremoto en donde se mide, como tantas veces antes, con la tierra misma y, digamos, sale vencedora).   

El texto recorre la historia y vida de la ciudad aferrado a los nombres poéticos que la hicieron poesía desde el comienzo (con especial referencia al Padre Ávila). Vida poética para la ciudad que no ha tenido otras vidas tan nobles. Paraíso que al ya no serlo pervive esperanzado en hecho filológico: verbo poético y lengua cotidiana. Destino y utopía, Caracas. Existencia en el papel, cuando la materia de arcádicos abolengos ya no existe. Caracas, nombre que nombras.

 

Escrito está.

Lo dijo Pedro Lhaya en verso de cacao

espeso de ritmos y de afectos.

Lo dijo Palomares en cuyo vuelo gentilicio

túrnanse olas, espumas y guanábanas.

Escrito está.

Lo dijo Andrés Bello

cuando iniciaba el ritmo de las frutas

y echaba a volar sobre la América

los campaniles del Anauco y el tintineo del Catuche.

Lo repitió Pérez Bonalde

de cuyo coche de lamentaciones

el verso salta de paloma en tejados

hasta posarse en atrios de ilusiones.

Escrito está.

Lo dijeron en voz de intimidad y lluvia

o en pedrada de palabra y llanto

Parés Espino y Perera y Pardo

y Pastori y Parra y Martínez

Blanco Fombona y Fombona Pachano

y León y Benavides y Berroeta

y los Planchart y Ramos y Calcaños

y Ros de Olano y Yépez y Sotillo y Tejera

alzaron de la sangre el pájaro del sueño

para poder volar con tus desvelos.

Escrito está.

Lo dijo García de Quevedo:

al pie de un monte que engalana

feraz verdura de perpetuo abril

rendida estás, Caracas,

nombre planta

nombre verde

nombre yerba

nombre agua

nombre himno

nombre hombre

nombre mujer

nombre ejemplo.

Y así canto la parte del canto que sube del mar

digo la parte del sueño que tendió la ola

que bebió la arena

que inició el molusco

que subió al arbusto

que trepó a la roca

que durmió la sombra

que sombreó el otero

que gritó en colinas

que ciñó neblinas

que mató distancias

y que ahora es sueño de su propio sueño:

El Ávila:

un cuento de piedra verde vegetal de agua de la ciudad

en tanto que Caracas es el sueño repetido del Ávila hecho Libertador

¿Agregó más? Lo dijo Simón Bolívar:

Por Caracas hice la libertad de América.

 

Busquen el texto entre las páginas 157 y 164 del devocionario del poeta: La voz inacabada (Caracas: Editorial Arte, 1969) y rindan el homenaje a una ciudad maltratada por políticos y delincuentes y querida por sus hombres de bien. Ciudad convertida en poema de eternidad y hecha belleza para su gloria.