• Caracas (Venezuela)

Francisco Javier Pérez

Al instante

Luz de Marisa Vannini

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No han transcurrido más de dos meses desde el fallecimiento de la profesora y académica Marisa Vannini, ocurrido el día primero del mes de marzo. Aunque su lugar de nacimiento fue en la siempre bella Florencia y su fecha de nacimiento el 23 de octubre de 1928, se empeñó en ser venezolana y en amar al país como antes lo había hecho su maestro Edoardo Crema, para el que siempre tenía recuerdos emocionados.

Formada en la Universidad Central de Venezuela al abrigo de Ángel Rosenblat y muchas otras luminarias de la filología de ese tiempo, hizo del estudio de la lengua, la crítica literaria, la historia cultural, la traducción y la creación literaria sus vocaciones más firmes.

Fueron muchos los títulos en los que satisfizo sus anhelos venezolanistas, sin que ello supusiera olvidar nunca sus raíces italianas y, entre tantos títulos (pues fue escritora muy activa y prolífica), descuellan Italia y los italianos en la historia y en la cultura de Venezuela (1966), uno de sus primeros trabajos, y Arrivederci Caracas, uno de sus últimos.

Sin ánimo totalizador, quiero hoy en su homenaje comentar uno de los preciosos estudios de su primera etapa de investigadora. Su título La influencia francesa en Venezuela (Universidad del Zulia, 1965) es ya una fuente de posibilidades. El libro recibió el primer premio de ensayo convocado por la universidad maracaibera el año 1963 y el veredicto aparece firmado por José Nucete Sardi, Guillermo Morón y Hercolino Adrianza Álvarez. Su estructura, simple y efectiva, la componen cuatro capítulos que recorren cronológicamente la propuesta sobre influencia gala en nuestro país. Así, la Ilustración, el Romanticismo, el Guzmancismo y la alborada del siglo XX en sus primeras décadas sirven de marco y espacio para la observación de los vínculos de literatura y cultura que la obra propone. Los apartados interiores del libro constituyen un itinerario de sobrada elocuencia y encanto, en donde divulgación y erudición comparten protagonismos bien levados y sin costuras: “La influencia francesa en el pensamiento político”, “La influencia francesa en la vida social y costumbres”, “El estudio del francés”, “La influencia francesa a través de lecturas y traducciones”, “La influencia francesa en las letras venezolanas”, “El viaje a París”, “Flujos y reflujos de la influencia francesa”, “Contribuciones francesas a la cultura venezolana y al conocimiento geográfico del país”, “Obras sobre Venezuela escritas por franceses”, “Venezolanos en Francia”.

Estudio de literatura y costumbres, construye la relación entre unas y otra y señala el trasvase de beneficios compartidos que se gestan al hacer de la literatura un medio de reflexión y reflejo de la vida y de los asuntos sociales una materia de fecundidad creativa. En el centro de esta exploración, la presencia de la lengua francesa en el español de ese tiempo, siglo XIX fundamentalmente, se asume como motor de la influencia y como prueba de ella: “Con la penetración en la vida familiar de las novelas francesas, que hasta el mismo Páez leía junto a Barbarita Nieves, llegaron a las ciudades de Venezuela las costumbres y las modas del París romántico, propagadas por las revistas locales con su correspondiente vocabulario (toilette, soirée, bouquet, corset, matinée, debut, champagne, buffet, bebé, comité, desabillé, crinolina pompadour, átort)”.

Apartando el rico contenido erudito del estudio y el corpus de datos que ofrece la investigación, se espigan muchos planteamientos relativos a la presencia francesa en la cultura y vida venezolana. Muy interesante, el de los debates literarios en favor o en contra de la intromisión del francés en el español, ya no como natural aceptación de la influencia, sino como rechazo a la intromisión de lo foráneo lingüístico. Visto como pugna entre hispanistas y galicistas, se invocan los casos de Baralt y de su Diccionario de galicismos, primero en su especie para el español, y en otros autores, como reconocidos antigalicistas, que usaba voces del francés en sus escritos como forma de mal poner esta lengua por el abuso de voces galicadas. Al respecto, la profesora Vannini dice: “Pero también los antigalicistas, en su afán de desprestigiarlas, utilizan palabras francesas: en los escritos de Felipe Tejera encontramos nouveautés, toilettes, soirée, chic, etc.”.

Imprescindible, el capítulo relativo a las obras francesas inspiradas por el país, entre las que encontramos libros escritos por viajeros, geógrafos, etnógrafos y visitantes de variada estirpe; libros de recuerdos sobre Venezuela y tratados de estudio sobre el país, muchos que hasta el presente siguen aportando datos y documentos valiosos para comprender en clave pluridimensional la Venezuela de otro tiempo. Como muestra, las referencias a los escritos de Eliseo Reclus, Charles Leclerc y Claude Bernard: “También grandes valores franceses estudiaron con detenimiento los problemas venezolanos: Elisée Reclus (1830-1905), el sabio literato y geógrafo, dedica a Venezuela un capítulo especial (Tomo XVIII, Cap. III: Vénézuéla), de más de cien páginas, en su obra Nouvelle Géographie Universelle (París, 1893). El bibliógrafo Charles Leclerc incluye obras sobre Venezuela en la Bibliotheca Americana (París, 1878), relación de ediciones raras o casi desconocidas referentes a historia y lingüística americana. Claude Bernard (1813-1878), célebre fisiólogo, el más ilustre representante de la ciencia experimental a fines del siglo XIX, escribió Le curare, trabajo sobre el veneno usado por los indios de Venezuela y Brasil”.

Estudios como el de la profesora Vannini ya no se hacen en nuestro país. Requieren de formación y de sentido de la investigación que son cualidades que escasean en nuestras aulas (por no decir que en las aulas de todas partes). Hay en estos estudios bases de origen filológico e histórico que los fecundan haciéndolos recorrer con libertad sobre muchos temas y mostrando, especialmente, cómo la literatura no es un ejercicio de pura estética de espaldas a los hombres, sino, al contrario, cómo es asidero poderoso para la comprensión de las sociedades. Fijarse y fijar el elemento francés de nuestra cultura es proponer para Venezuela no solo la existencia de una rúbrica acorde con el ritmo de los tiempos modernos, sino afiliar a nuestra biografía cultural el sello galo de muchas de sus realizaciones e intereses.

Entre los muchos reconocimientos que recibió Marisa Vannini, estuvo su elección como miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua. Gesto del país hacia una investigadora y escritora que hizo de Venezuela motivo central de sus vocaciones. Con la intención de avanzar más y más en su fascinación venezolanista, quiso que calzaran en una su vida académica de formación y su vida académica de vocación, cumplida la primera en la universidad y la segunda en la academia. El tiempo y el desgaste hicieron que lo segundo, por su modo exigente de entender, no quedara del todo cumplido. Por otra parte, desde el honorífico escaño de correspondiente, Marisa hizo presencia y ello será siempre motivo de gratitud.

En la universidad, en la academia, en la editorial o en la literatura Marisa Vannini fue una ferviente creyente en los valores de Venezuela. Su obra es buena prueba de ello y su confirmación documental llegará cuando se la estudie en forma. Provisionalmente, hay que decir que ella, guiada por una luz que iluminaba y que la iluminaba, militó como la mejor en ese partido del que estamos tan necesitados, el del amor verdadero a Venezuela.