• Caracas (Venezuela)

Francisco J. Quevedo

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Francisco J. Quevedo

“La salsa que es buena para el pavo…”

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Es irónico que cuando caen los precios petroleros, Venezuela acuda a la OPEP para pedir recortes en la producción petrolera, pero, cuando –por la excesiva regulación– los precios de la leche en Venezuela se mantienen por debajo de sus costos, ese mismo gobierno no tolere recortes en la producción lechera. Pareciera que la salsa que es buena para el pavo es buena para la pava solo de los dientes para afuera.

La OPEP le ha dado un “one-two-three” en economía al presidente Maduro, tres simples lecciones de mercado acordes a cada circunstancia. Lección N° 1: Hay que cuidar los precios. Cuando los precios del petróleo caen demasiado, es necesario forzar recortes en la oferta para recuperar el valor del crudo. Lección N° 2: Hay que cuidar los mercados. Cuando nuevos actores o procesos, como Rusia o el “fracking”, afecten los mercados tradicionales de Arabia Saudita y demás líderes del cartel, es necesario forzar los precios a la baja para expulsar a esos competidores. Lección N° 3: Hay que cuidar a los clientes. Cuando los precios se disparen demasiado, por alguna crisis internacional, y afecten las economías de los países consumidores, es conveniente inundar los mercados con producción para hacerlos bajar y reimpulsar el crecimiento del PIB mundial.

En Venezuela se hace lo contrario: no se cuidan los precios, se rebajan; no se cuidan los mercados, se destruyen; y no se cuidan los clientes, porque a la final, las empresas son clientes del Estado a través del Seniat, IVSS, Inces y tantos otros entes, al contrario, se llevan a la quiebra. La regulación de precios aquí no busca un equilibrio entre la oferta y la demanda, sino que obtusamente hace inviable la producción de leche, café, azúcar y tantos otros bienes, y –tal como nos enseña la OPEP– fuerza una reducción en la oferta. La politización del petróleo, por no llamarla la política petrolera, no se orienta a la protección de nuestros mercados, el norte americano, en particular, que es el único que paga “cash”, sino que más bien permite que otros países, como México, los canibalicen, al voltear la vista hacia el Alba y China. Y ese mismo enfoque fuerza un “precio justo” tan elevado que incentiva a otros competidores a producir, y terminamos nosotros desplazados o aplastados por la recesión.

Esa misma lógica de mercados sugiere que cuando las trabas en la asignación de divisas impidan la importación de insumos o los encarezcan, o cuando los productores nacionales por cualquier razón no respondan a la demanda interna, el gobierno, como hace la OPEP, debe suplirla con productos importados. Evidentemente, las inmensas colas que ha provocado la escasez indican lo contrario.

¡“One-two-three”, estamos ponchaos!