• Caracas (Venezuela)

Florence Thomas

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Florence Thomas

50 años de la píldora anticonceptiva

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Hace cinco décadas haría su aparición en la escena pública una pequeña píldora que cambiaría la vida de las mujeres y, consecuentemente, de la sociedad en general.

Y justamente, revisando hace unos días una sección especial del periódico El Tiempo (18 de junio del 2014), que suele recordarnos hechos emblemáticos que a veces hemos olvidado a pesar de su importancia histórica, encontré en el titular “Hace 50 años” que el 18 de junio de 1964 la Congregación del Santo Oficio se pronunció en contra “del uso de píldoras para evitar el embarazo”.

Añadían que “todo intento para prevenir la gravidez por medios artificiales va en contra de la Ley Divina y que el único método aprobado es la abstinencia”. Pues si hubiéramos asumido la Ley Divina, el mundo estaría desbordado de niños y niñas con hambre y las mujeres seguirían siendo hembras biológicas y reproductoras de la especie, cumpliendo con esa afirmación de que las mujeres son a la naturaleza lo que los hombres son a la cultura.

Afortunadamente, ya existían mujeres transgresoras de los roles tradicionales y hombres solidarios –me refiero a los científicos que participaron en este invento– con nuestro porvenir de mujeres, pues juntos estaban apostando por nuevos caminos que nos permitieran transitar de la histeria a la historia.

Y es incontrovertible hoy que esta pequeña píldora transformó nuestras vidas de una manera tan profunda que después de ella nada fue igual. Y lo puedo decir con autoridad, pues formé parte de esta generación de mujeres que pudo vivir lo que significó la llegada de las primera píldoras anticonceptivas como un don del cielo, mejor dicho, como un inicio de reparación histórica por tantos siglos de misoginia y satanización de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad.

Hoy, esta pequeña píldora está acompañada de múltiples otros métodos modernos de anticoncepción, que permiten a las mujeres dejar atrás este miedo ancestral a un embarazo no planeado o no esperado y por fin dejar circular su deseo amoroso en una cálida noche de verano o en la penumbra de una larga tarde lluviosa.

Tristemente, sin embargo, aún no todas las de este planeta azul pueden gozar de este descubrimiento liberador, pues 200 millones de ellas no planifican sus embarazos por pobreza o falta de educación. Y leyeron bien: son 200 millones de mujeres.

Y sí, quiéralo o no la Santa Iglesia, los métodos anticonceptivos humanizaron y politizaron a las mujeres. Gracias a ellos, hoy toda o casi toda mujer, toda o casi toda madre, puede entrar en los circuitos del saber, del placer y del poder, es decir, en los circuitos de la cultura, que fue durante tanto tiempo el privilegio exclusivo de los hombres.

En 1964, hace 50 años, se empezó a socializar la píldora anticonceptiva como uno de los métodos más emblemáticos de anticoncepción, y hoy puedo afirmar que me cambió la vida, pues me permitió tener solo hijos del deseo y no de la casualidad, algo que siempre he deseado y sigo deseando para todas las mujeres del mundo.

Florence Thomas