• Caracas (Venezuela)

Fernando Travieso y Magaly Irady

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La resiliencia de los bosques mitiga el cambio climático

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Los científicos siempre han sabido que preservar los bosques húmedos ayuda a mitigar el cambio climático, pero ahora han descubierto que los bosques tropicales secundarios –aquellos que vuelven a crecer después de haber sido deforestados– juegan un papel fundamental, pues capturan el dañino CO2 de la atmósfera a una tasa de alrededor de 11 veces más rápido que los bosques viejos o primarios.

La revelación llega de la mano de un estudio recién publicado en la revista Nature, el cual examinó la recuperación de biomasa de bosques tropicales secundarios menores de 100 años en América Latina y la comparó con la de bosques antiguos de varios cientos de años de edad en la misma región. La investigación, liderada por los profesores Lourens Poorter, Frans Bongers y Danaë M. A. Rozendaal de la Universidad de Wageningen, en Holanda, donde participaron además 65 investigadores de todo el mundo, ha puesto de manifiesto que los bosques jóvenes capturan más CO2 que los antiguos porque sus árboles están activamente creciendo y convirtiendo rápidamente el CO2 en hojas y madera, mientras en los bosques antiguos, el crecimiento de los árboles es mucho más lento debido a la falta de espacio, nutrientes y de luz solar.

Según el Dr. Poorter, al tiempo que se reduce la deforestación es necesario apreciar y valorizar el papel que los bosques secundarios pueden jugar en nuestro hábitat actual, tan modificado y fragmentado por nosotros los humanos. Se trata de permitir que nuevos bosques vuelvan a crecer en los sitios que quedan libres luego que la actividad agrícola o ganadera ha terminado, ya que, “después de 20 años, esos bosques recuperan entre 20 y 225 toneladas de biomasa por hectárea. Esto corresponde a una captura de 3,05 toneladas de dióxido de carbono por hectárea por año, que es 11 veces mayor que el índice de captura de los bosques primarios”. Los investigadores encontraron también que la habilidad de los bosques secundarios de recuperarse depende principalmente de la lluvia, mientras la fertilidad del suelo o la cantidad de cubierta forestal en el paisaje circundante tienen menor peso.

Según el estudio, aproximadamente la mitad de los bosques tropicales de Centroamérica y Suramérica son de antiguo crecimiento y la otra mitad son secundarios, es decir, reforestados por la naturaleza o por el hombre. Pero tal vez uno de los mayores aportes del grupo de investigadores sea la elaboración de un mapa de la región que muestra el potencial de crecimiento de biomasa sobre el nivel del suelo en un período de 20 años (de acuerdo con la variación geográfica y climática) y el potencial de captación de CO2 durante la regeneración del bosque, toda vez que podrá ser usado como apoyo para el diseño de políticas dirigidas a detener la deforestación y proteger los bosques tropicales de edad madura, y a promover la regeneración natural de los bosques secundarios en zonas deforestadas.

Una estrategia con dos vertientes que contribuirá con la preservación de la biodiversidad y con la mitigación del calentamiento global ya que, después del mar, los bosques húmedos son los principales actores en la absorción de CO2 en la Tierra, función que ha disminuido en 20% debido a la deforestación, con graves implicaciones en el cambio climático.

Para el profesor Frans Bongers, coautor del estudio, “la regeneración natural de los bosques secundarios (…) es una solución barata y basada en la resiliencia de la naturaleza”. Habría que plantearse entonces que tal estrategia merece mayor atención por parte de los organismos locales, nacionales e internacionales encargados de la toma de decisiones en el tema, ya que no solo resulta menos costosa que la restauración forestal activa, sino muy especialmente porque implica una relación de cooperación con la naturaleza.