• Caracas (Venezuela)

Fernando Travieso y Magaly Irady

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El pacto climático global avanza

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Pocos meses antes de que la esperada Cumbre sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas se reúna en París para discutir un acuerdo global dirigido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el clima, están emergiendo significativas señales que muestran que es posible alcanzarlo. Una de las más reveladoras es que cerca de 50 países, entre los que se cuentan Canadá, México, Rusia, Estados Unidos, muchos de la Unión Europea, China, Corea del Sur, Serbia e Islandia, ya han sometido sus planes de reducción -base del acuerdo global- a la consideración de Naciones Unidas, tal como se decidió en diciembre pasado en Perú.

China, por ejemplo, el mayor contaminador del mundo y uno de los países que había sido renuente a cualquier compromiso ecológico, elaboró un plan de 16 páginas detallando cómo prevé cambiar su economía para reducir las emisiones de combustibles fósiles para 2030. Pero más allá de eso, en el marco de las acciones concretas hay que decir que está produciendo grandes cantidades de energía solar -el desierto de Gansu, al noroeste del país, está sembrado de paneles solares-, al punto de que de seguir al ritmo actual participará en la Cumbre de París como líder mundial en producción de esa energía.

Adicionalmente, el mismo día que China presentó su plan, los presidentes de Estados Unidos y Brasil, países que están entre los 10 principales emisores de CO2, anunciaron en Washington que sus naciones han acordado expandir considerablemente la generación de electricidad a partir de fuentes renovables. En su anuncio conjunto, Dilma Rousseff y Barack Obama se comprometieron en nombre de sus países a aumentar el uso de las energías del viento, del sol y la geotérmica hasta que conformen 20% de la producción eléctrica de cada uno de sus países para 2030, lo cual duplicaría la generación de electricidad de fuentes renovables en Brasil, y triplicaría la de Estados Unidos. Brasil también se comprometió a restaurar alrededor de 120.000 km² de la selva húmeda del Amazonas, un área de aproximadamente el tamaño de Nicaragua.

Como prueba de que sus palabras no son solo promesas, Obama anunció en marzo pasado una nueva normativa para “combatir el cambio climático” donde plantea una ambiciosa reforma para reducir 32% las emisiones de CO2 de las plantas energéticas para 2030, lo que supone 2% más que en la propuesta anterior formulada por la Agencia de Protección Medioambiental. En ese plan se incluye una medida relativa a la obligación de cada Estado miembro de la Unión de presentar sus propios planes para lidiar con la contaminación a más tardar en 2018, la cual incorpora consideraciones de premios y castigos según se acojan o no a las regulaciones. Obama afirmó que la versión final del “Plan de Energía Limpia” representa “el paso más grande y más importante que hemos tomado nunca para combatir el cambio climático”.

Pero tal vez el indicador más evidente de que las cosas están realmente avanzando sea la carta que hicieron llegar hace pocos meses seis grandes compañías europeas a la ONU con la intención de “abrir un diálogo directo” con esa organización. En efecto, las empresas BP Group, BP, Eni, Royal Dutch Shell, Statoil y Total, dirigieron una carta a Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, cuyo objetivo es obviamente no quedar al margen de los acuerdos que puedan surgir en la Cumbre. En dicha misiva, además de afirmar que “el cambio climático es un desafío para nuestro mundo”, esas seis grandes petroleras  reconocen que “…la tendencia actual de las emisiones de gases de efecto invernadero es superior a lo que (...) es necesario para limitar el aumento de la temperatura a menos de dos grados por encima de los niveles preindustriales”. Son tan explícitos sus planteamientos que dicen estar conscientes de que, “el desafío es ahora cómo satisfacer una mayor demanda de energía con menos CO2”, añadiendo esta significativa frase: “Estamos listos para desempeñar nuestro papel”.

Tal vez por ello, Francois Hollande, presidente francés y uno de los más interesados en el éxito de la Cumbre de París, expresa un gran optimismo cuando afirma que con los acuerdos que se alcancen en diciembre: “Podemos abrir, como en 1789, una inmensa esperanza al mundo”.