• Caracas (Venezuela)

Fernando Travieso y Magaly Irady

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La lección del colapso maya

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El colapso de la civilización maya, cuyas causas han desconcertado históricamente a innumerables investigadores, dejó de ser un misterio: el cambio climático, agravado por ellos mismos, fue el detonante. Eso muestran los resultados de una amplia y detallada investigación, realizada por un equipo de 3 prestigiosas universidades donde participaron 20 expertos de 5 países.

El grupo investigador, dirigido por el eminente antropólogo Douglas J. Kennett, de la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos, estudió durante más de tres años la cueva de estalagmitas Yok Balum, al sur de Belice, para medir la composición de los isótopos de oxígeno en sus estalagmitas y crear un registro de las lluvias que permitiese explicar los acontecimientos del Período Clásico de la cultura maya, el cual trascurrió entre el año 300 y el 1000 de nuestra era. Los datos analizados, comparados con la historia grabada en los monumentos mayas, permitieron establecer que los cambios en el clima dejaron una importante huella, con efectos a largo plazo en el crecimiento y la desintegración de esa cultura precolombina.

Hasta hace poco se conocía que esa civilización, ubicada en lo que es hoy Guatemala, Belice, Honduras y el sur de México, prosperó en tiempos de significativas y elevadas precipitaciones y decayó de forma estrepitosa, cuando el clima cambió y dio paso a una gran sequía que duró cuatro siglos.

Ahora, las conclusiones del proyecto internacional aportan la certeza de que así ocurrió, permitiendo confirmar hipótesis sostenidas durante largo tiempo. Por ejemplo, que entre los años 440 y 660, una temporada inusual de lluvias intensas favoreció el crecimiento de ciudades como Tikal, Copán y Caracol, en Guatemala, las cuales se ubicaban en humedales que se fortalecían con las precipitaciones y permitían además que los pobladores almacenaran agua en cisternas. Así mismo, que en los dos siglos siguientes se produjo una importante sequía que entró en su etapa crítica en los años 800 y 900, generando un desajuste entre el aumento de la población y la disponibilidad de tierras agrícolas que condujo al incremento de la tala de los bosques en la zona, lo que a su vez agudizó la sequía.

Este escenario de degradación ambiental y las equivocadas decisiones del sistema político para enfrentarlo produjeron numerosos conflictos armados que propiciaron un colapso de las instituciones políticas mayas y, a partir del mismo, el quiebre de la cultura. En tal sentido, el Dr. Kennett afirmó: “Nuestros hallazgos indican que el cambio climático jugó un papel clave en la desintegración de los complejos sistemas políticos de estas poblaciones. La sequía ayudó a desencadenar la guerra entre los centros políticos, lo  que provocó una inestabilidad global de la sociedad, su fragmentación y colapso final”.

Aunque se sabe poco de la suerte de los pobladores, lo cierto es que las poblaciones tardaron un par de siglos en abandonar las ciudades y cuando decidieron dejar lo que es hoy Guatemala y emigrar al norte, la escasez de ríos en la península de Yucatán complicó más sus condiciones de vida, la cual se organizó con base en pequeños pueblos muy primitivos, un penoso recordatorio de lo que una vez fue una civilización avanzada. En la actualidad sobreviven unos 2 millones de mayas en situación de marginación y pobreza y con una actitud fatalista con respecto a ellos mismos.

Los mayas no fueron la primera cultura que se rindió ante el embate de los elementos. El clima, en particular la sequía, fue el principal enemigo de los imperios antiguos: el Acadio en Mesopotamia (siglo XXVI a. C.), el primer imperio de la historia, el imperio antiguo de Egipto (2700-2200 a. C.) e incluso el Imperio Romano, se vieron afectados por ella, al punto de convertirse en factor significativo para su eventual decadencia.

Valdría la pena preguntarse si la historia del colapso de la cultura maya puede servir de ejemplo para que los sistemas políticos actuales actúen antes de que sea demasiado tarde.