• Caracas (Venezuela)

Fernando Travieso y Magaly Irady

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Preparar el reciclaje

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Desde hace ya algunos años, la idea de reciclar los productos una vez concluida su vida útil ha venido cobrando fuerza dentro del amplio ámbito de la sostenibilidad como forma de preservar el planeta. Sin embargo, más recientemente se ha incorporado una nueva noción —aún se encuentra en fase inicial— en la conocida secuencia “reducir, reciclar y reutilizar”. Se trata del preciclaje, un concepto que consiste en pensar de forma anticipada en el uso de los recursos, la generación de residuos y el impacto ambiental que implican la producción o el uso de un determinado artículo.

Referido al consumidor final, preciclar significa tomar decisiones al momento de comprar un producto, seleccionando entre la oferta del mercado aquellos que requieren menor procesamiento para su fabricación. Por ejemplo, elegir una fruta desprovista de los contaminantes envoltorios en los cuales suelen presentarse o una botella de agua envasada en vidrio en lugar de la que viene envasada en plástico, material completamente perjudicial para el ambiente.

Asociado al ámbito empresarial, implica la incorporación de políticas productivas más limpias que privilegian la reducción de residuos en el origen y el aprovechamiento adecuado de recursos. Como es de suponer, éste es el entorno clave donde es posible desarrollar procesos capaces de producir impactos favorables sobre la sostenibilidad, tema que cada día cobra mayor importancia en razón de la creciente toma de “consciencia verde” de los consumidores.

Actualmente son pocas las empresas que aplican de forma consistente la noción de preciclaje, todas ellas empaquetadoras de productos y productoras de embalajes y materiales para empaquetar. Ello se explica en buena medida por la difusión que ha tenido la idea de que embalaje y sostenibilidad están inevitablemente ligados, la cual cobra una importancia primordial en esta época de auge del comercio electrónico, toda vez que implica mayor necesidad de empaquetar productos y por lo tanto más cantidad de desechos. Por ejemplo, La Comisión Europea revisó recientemente las metas de reciclaje de su "Paquete para la Economía Circular", con la adopción de una meta común para toda la Unión Europea: que para el 2030, el 75% de los desechos del empaquetado sean reciclados, por lo que los negocios con importantes operaciones de empaquetado deben actuar ahora para evitar ser considerados como dañinos al ambiente, y para asegurarse la posibilidad de probar sus credenciales en sostenibilidad.

Ello implica que esas empresas tendrán que asumir una visión holística de sus procesos operativos y del logro de sus metas, para lo cual requerirán evaluar cómo la escogencia del empaquetado impactará su negocio a lo largo de toda la cadena de abastecimiento hasta que se biodegrade, y no solamente cómo será reciclado después de usado. En el desempeño de esa función, la empresa transnacional de empaquetado Sealed Air, según comenta su presidente de Cuidado de Productos, Ken Chrisman, ha dedicado años a educar a sus clientes y al mercado, sobre el hecho de que la sostenibilidad no se refiere solamente al reciclaje, sino también a ser más creativos en cada paso de la operación de la cadena de abastecimiento, estableciendo objetivos de sostenibilidad que puedan ser cumplidos mucho antes de que cualquier paquete sea reciclado. Es decir, llevan años promoviendo el preciclaje.

Pensar por anticipado los procesos y hacerlo de manera holística son parte de la economía circular, una nueva forma de concebir el desarrollo económico cuyo modelo es el funcionamiento de la naturaleza. Noción clave para el logro de la sostenibilidad que muestra con toda claridad una ruta donde las empresas tendrán que aprender a armonizar los intereses de sus negocios con la necesidad de preservar los recursos naturales para las generaciones futuras. Sólo así seguirán vendiendo sus productos en un escenario donde la “consciencia verde” se extiende cada vez más.