• Caracas (Venezuela)

Fernando Travieso y Magaly Irady

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Mejoras urbanas con y para la gente

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El problema del transporte es un tema que agobia a los planificadores urbanos, en particular en ciudades como las nuestras donde la pobreza se manifiesta, entre otros aspectos, en el uso y ocupación de áreas desintegradas de la ciudad formal, muchas veces en zonas con condiciones geográficas abruptas.

Un caso que se ha convertido en ícono de soluciones ingeniosas es sin dudas el de Medellín, la ciudad colombiana que era noticia en los años ochenta y noventa del siglo pasado porque los carteles del narcotráfico, como el de Pablo Escobar, dominaban sus calles, nutriendo sus filas a partir de las extremas desigualdades sociales y del virtual abandono, por parte del gobierno, de las barriadas ubicadas en las laderas de los cerros que rodean la ciudad, donde el desempleo juvenil era especialmente elevado.

La historia de la transformación de la ciudad envuelve importantes lecciones para muchas otras áreas urbanas. En efecto, hace ya 11 años, Medellín fue la primera ciudad en el mundo en implementar como medio de transporte público de tiempo completo un sistema de teleférico llamado Metrocable, dirigido a prestar servicio a parte de la población ubicada en sus zonas de topografía empinada. Hoy en día funcionan 3 líneas del Metrocable asociadas a sendas estaciones de metro con una extensión total de 9,4 km, y en el primer semestre de 2016 se incorporarán 2 líneas más asociadas a estaciones del tranvía que se puso en funcionamiento el pasado 20 de octubre y se abrirá al público en noviembre.

Se trata del Tranvía Ayacucho, considerado el servicio más moderno de América Latina –funciona con neumáticos y por rieles–, el cual forma parte del Sistema Integrado de Transporte Masivo del Valle de Aburrá, junto al Metro de Medellín, al Metroplús (servicio de buses que opera con corredores exclusivos conocidos como Bus Rapid Transit BRT) y al Metrocable. Este novedoso servicio, cuya puesta en marcha ha causado gran emoción en la población de Medellín, abarca un recorrido de 4,3 km y posee 12 vagones eléctricos de 300 pasajeros cada uno, con capacidad para transportar hasta 90.000 personas/día. La zona por donde circula ese atractivo tranvía se ha restringido totalmente a peatones y bicicletas, para quienes se ha diseñado una llamativa campaña de educación vial dirigida a garantizar la seguridad de quienes circulan por el entorno compartiendo el espacio con los vagones. 

Pero más allá de las importantes intervenciones urbanas comentadas, vale destacar tres aspectos que han estado presentes sin los cuales probablemente no hubiera sido posible ni el cumplimiento de los objetivos ni su continuidad en el tiempo. Nos referimos, por una parte, a la convicción de sus ejecutores acerca de la importancia de construir ciudad con quienes la habitan, en razón de lo cual hicieron suya la apuesta llamada placemaking, acuñada por el grupo de trabajo Project for Publics Spaces, que hace alusión directa a la importancia de incluir en el diseño, construcción y cuidado de cualquier infraestructura o intervención en un espacio, la visión de quienes lo habitan, como una forma de estimular que la ciudadanía haga suyos los proyectos públicos.

Otro elemento de la mayor importancia para el éxito de estos sistemas tiene que ver con la noción de que la infraestructura de transporte debe ser vista, en la medida de lo posible y en especial cuando atienden a la población de bajos recursos, como una oportunidad para generar espacios de encuentro y esparcimiento que aporten cohesión al tejido social y faciliten la integración; como una posibilidad para que la gente se apropie de los espacios públicos con un sinnúmero de actividades culturales y recreativas que son un antídoto contra la violencia.

Por último, pero no menos importante en el proceso de transformación que ha vivido Medellín en los últimos años, está la continuidad en el tiempo de unas acciones municipales orientadas por la convicción de que tratar a las personas con dignidad hace que valoricen su hábitat y se sientan orgullosos de sus comunidades. Hoy Medellín es un mejor lugar para vivir porque ha habido una voluntad clara y férrea de sus autoridades para que así sea.