• Caracas (Venezuela)

Fernando Travieso y Magaly Irady

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Extinción de las abejas amenaza producción de alimentos

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Las abejas y otros polinizadores enfrentan riesgos crecientes para su supervivencia. Así lo afirma la primera evaluación global sobre polinizadores, titulada Evaluación temática de polinizadores, polinización y producción de alimentos, realizada por la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES por sus siglas en inglés), la cual se creó hace 4 años con 124 países como miembros fundadores, con el objetivo de generar una interacción sólida entre el conocimiento científico internacional y la toma de decisiones políticas a nivel mundial. El recién concluido estudio, donde participó un equipo de casi 80 expertos de todo el mundo, compiló una extensa data de cerca de 3.000 artículos científicos e incluyó información sobre prácticas basadas en el conocimiento indígena y local de más de 60 lugares de todo el mundo.

Los polinizadores tienen una importancia crucial para la economía mundial y la salud humana, toda vez que más de 35% de la producción mundial de alimentos, cuyo valor asciende a casi 800.000 millones de dólares anuales, depende de su acción. Sin contar que en los últimos 50 años, el volumen de la producción agrícola favorecida por la polinización hecha por animales se ha incrementado un 300% y que cerca de 90% de las plantas con flores salvajes se sustenta en ella en cierta medida. Según el Dr. Simon Potts, codirector del estudio, “sin los polinizadores, muchos de nosotros ya no podríamos disfrutar del café, el chocolate y las manzanas, entre otros alimentos que son parte de nuestra vida cotidiana”.

El documento evalúa críticamente un acervo inmenso de conocimientos sobre los polinizadores, la polinización y la producción de alimentos para garantizar que las personas que toman las decisiones políticas tengan acceso a información de calidad. Entre sus resultados destaca el hecho de que los polinizadores de ciertas regiones –más de 20.000 especies de abejas, las mariposas, los pájaros, los escarabajos y los murciélagos– están siendo amenazados por diversos factores, entre los que destacan los cambios en el uso del suelo, las prácticas agrícolas intensivas y el uso de pesticidas, el impacto de las especies exóticas invasoras, las enfermedades y plagas, y el cambio climático. Este último esencialmente en lo que se refiere al calentamiento global, el cual está modificando las áreas donde se localizan las plantas y los polinizadores, así como la época de floración, generando inquietud entre los investigadores, algunos de quienes se preguntan si los polinizadores estarán allí cuando las flores los necesiten. 

Más allá de la verificación realizada sobre el impacto negativo en los polinizadores de los pesticidas –cuyos efectos a largo plazo son por cierto desconocidos aún, sobre todo para las abejas cultivadas– y de los otros factores analizados, luce interesante la referencia que hace el estudio al efecto ocasionado por el descenso de los sistemas de cultivo tradicionales, asociados a una relación más armónica con la naturaleza. Al respecto, las palabras de Zakri Abdul Hamid, presidente fundador de la IPBES, son elocuentes: “La buena noticia es que se pueden seguir una serie de pasos para reducir los riesgos que afectan a los polinizadores, incluyendo las prácticas basadas en el conocimiento indígena y local”. Parece tener claro que parte de la solución sería promover la agricultura sostenible, la cual se sustenta justamente en el uso de procesos ecológicos para producir los alimentos.

Según cálculos de Einstein, si las abejas llegaran a desaparecer, al hombre solo le quedarían unos años de vida y aunque no tenía forma de probarlo, lo que sí no admite dudas y hace imposible prescindir de ellas es el hecho de que constituyen un elemento clave en la cadena interactiva de los ecosistemas y de los diversos ciclos vitales de muchas especies vegetales, por lo que el desarrollo agrícola se sustenta en gran medida  en la actividad polinizadora de las abejas. Habrá entonces que preservarlas para seguir alimentándonos.