• Caracas (Venezuela)

Fernando Travieso y Magaly Irady

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Atrapar el CO2 y convertirlo en roca

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Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero –especialmente de CO2– es el gran desafío en la lucha global contra el cambio climático. Desde hace mucho tiempo, los científicos han intentado capturar ese contaminante gas pero se han topado con dos grandes obstáculos: los elevados costos de la captura, y encontrar formas eficientes de almacenarlo o de usarlo para otro propósito una vez atrapado.

Hace apenas dos semanas, la prestigiosa revista científica Science expuso al mundo los avances de CarbFix, un proyecto que está probando una nueva tecnología capaz de convertir las emisiones de CO2 en roca sólida. Trabajando conjuntamente, investigadores de la Universidad de Southampton, Reino Unido, y de Columbia, Estados Unidos, fueron capaces de mezclar con agua, el CO2 y el sulfuro de hidrógeno emanados por la planta geotérmica Hellisheidi en Islandia –la más grande del mundo– y producir una solución que fue posteriormente inyectada en las rocas basálticas ubicadas debajo de la planta; el gas reaccionó con las rocas formando carbonato, un material estable similar a la caliza, el cual una vez convertido en carbonato no puede volver por sí solo a la atmósfera.

Aunque los intentos por capturar y almacenar CO2 en el subsuelo no son nuevos, las aproximaciones anteriores eran diferentes; todas se centraban en procesos físicos donde el gas se mantenía libre aunque podía ser almacenado en contenedores metálicos o inyectado en rocas de donde no pudiera escapar. Pero, a raíz del informe 2005 del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, IPCC (por sus siglas en inglés), donde se urgía a los científicos a centrar los esfuerzos en “atraparlo químicamente”, surgieron otros enfoques, entre ellos el de probar la idea de que el CO2 reaccionara y precipitase, tal como se plantearon los investigadores de CarbFix. 

Uno de los resultados más importantes de este estudio, según dijo el geoingeniero y director del proyecto, Juerg Matter de la Universidad de Southampton, es que, “…muestra que entre 95% y 98% del CO2 inyectado fue mineralizado en menos de dos años, lo cual es asombrosamente rápido”, ya que hasta el momento se pensaba que esa tecnología podía implicar períodos tan largos como de ocho a diez años. Adicionalmente se sabe que después del exitoso ensayo piloto iniciado en 2014, la planta ha continuado inyectando CO2 al subsuelo, y el monitoreo permanente sugiere que el proceso de mineralización se mantiene de manera consistente y segura, lo cual aplaca los temores de que el almacenamiento de CO2 en el subsuelo pudiera ser peligroso.

Aunque las noticias sobre CarbFix son alentadoras, para comprobar su aplicación industrial sería necesario, en opinión de algunos expertos, experimentar con mayores volúmenes de CO2 y probarlo en localizaciones más profundas. De conseguirlo, se demostraría que esa tecnología de captura y almacenamiento es tan eficiente, rápida y segura como parece, y el basalto se transformaría en un “contenedor” óptimo de uno de los gases más contaminantes del planeta. Además, la investigación deberá identificar posibles externalidades negativas en el mediano y largo plazo, lo cual implica que los esfuerzos por reducir las emisiones actuales de CO2 deben continuar siendo la prioridad número uno, toda vez que la tasa actual de emisiones derivadas de la actividad humana no tiene precedentes en los últimos 66 millones de años.

No obstante, todo parece indicar que este innovador método está siendo uno de los mayores avances tecnológicos frente al cambio climático, ya que si bien “no es una solución mágica”, como afirma Matter, puede contribuir de forma importante a reducir las emisiones de CO2.